Jardines/jardineros

El pasado 17 de noviembre, Marta Macho Stadler impartió la conferencia Mujeres y plantas: de los remedios de las brujas a la ciencia de las botánicas, tercera ponencia del ciclo Emakumeek zientzia egiten dute / Ellas hacen ciencia organizado por el Ayuntamiento de Bilbao-Bilboko Udala en el año 2022.

 

Desde siempre, las mujeres se han interesado por las plantas. Las primeras curanderas, las ‘brujas’, las usaban para fabricar diferentes bálsamos, para aliviar dolencias, para curar. Muchas de ellas realizaron auténticos avances en el conocimiento científico, siendo repudiadas por muchos, envidiosos de su saber. Dibujando con meticuloso detalle flores y hojas, observando con paciencia y método vegetales o descubriendo especímenes y experimentando con ellos, las mujeres han aportado un conocimiento sobresaliente al estudio de las plantas.

 

Desde las curanderas a las botánicas, desde las farmacéuticas a las ingenieras agrónomas, la ciencia de las plantas se escribe con nombre de mujer. Hablaremos de algunas de ellas.

 

Marta Macho Stadler es profesora de la UPV/EHU y doctora en Matemáticas por la Universidad Claude Bernard de Lyon (Francia). Es editora del blog Mujeres con ciencia de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU. En 2015 recibió el Premio igUAldad de la Universidad de Alicante y una de las Medallas de la Real Sociedad Matemática Española en su primera edición.

 

La conferencia Mujeres y plantas: de los remedios de las brujas a la ciencia de las botánicas podemos seguirla a través de este video. 

 

“No tengo ni idea de que tipo de flores son las que allí crecen con tanta profusión, no conozco sus nombres. Pero me conmovieron de tal manera que me senté tratando de aplastar las menos hierbas y plantas con mi torpe trasero.”

M. C. Escher

 

 

Mis queridas hierbas insignificantes, invisibles, impopulares, ignoradas, vilipendiadas, pateadas, despreciadas…Que estáis ahí. Que sobrevivís a pesar de la falta de reconocimiento a las innumerables aportaciones que ofrecéis. Que construís festones verdes con pinceladas amarillas, azules, rosas y, con distintas texturas, a ambos lados de los caminos, de las aceras, en las cunetas, en los alcorques. Que engalanáis los muros de los edificios más nobles y de los solares más feos y abandonados. Que ofrecéis cada día un espectáculo cambiante en el que se suceden las fases: desde la germinación a la floración, desde la apariencia discreta al esplendor. Que os convertís en bosques para hormigas, en morada y alimento para muchos insectos, en viveros de polinizadores, en lugares de encuentro de mariposas y pájaros. Y como dice Eduardo Barba en Una flor en el asfalto, ayudáis a cuidar las plantas que nos gusta ver en parques y jardines, y también las cultivadas para alimentarnos.

 

Nos acompañáis, pero no os percibimos ni pensamos que merezcáis un  nombre, a no ser que este sea peyorativo. O lo que es más triste, os consideramos basura, y vuestra presencia, un síntoma de falta de limpieza en las calles.

 

Ha llegado la hora de que nosotros, los humanos, cambiemos de perspectiva. Tenemos un profundo pozo de ignominia e ignorancia que llenar con nuevos conocimientos. La biología de las plantas repudiadas es sorprendente, desarrollan tácticas astutas para sobrevivir y reproducirse, podría decirse, como lo hace J. Ramón Gómez en Botanica cercana, que tienen superpoderes. Conocer esos superpoderes es un reto apasionante que puede mejorar nuestra vida.

 

Gilles Clémenent ha creado el concepto de tercer paisaje para referirse, tanto a los medios vegetales a penas intervenidos por la acción humana, como a las áreas abandonadas, los baldíos agrícolas, industriales o turísticos. Lugares grandes o minúsculos que funcionan como refugios de biodiversidad. Desde este punto de vista, las plantas que crecen en las grietas de los muros en los márgenes de las calles, en las cunetas, en los alcorques, en cualquier fisura del asfalto o las aceras, forman ámbitos en los que se suceden las especies vegetales, preparando y mejorando el terreno, limpiando y adecuando, creando suelo y esperanza para la biodiversidad.

 

Pero hay más, el paisaje es el resultado de la suma de la naturaleza y la cultura. Los bellos valles de las montañas son fruto de la actividad humana durante siglos y puede resultar complicado distinguir lo natural de lo modificado. Los humanos somos capaces de convivir de forma armónica con la naturaleza, por eso es posible mejorar el paisaje urbano de la mano de las hierbas comunes. Hay ejemplos que demuestran que estamos a tiempo. El artista Friedensrich Hudertwasser (1928-2000) adquirió notoriedad con sus diseños arquitectónicos de formas irregulares que incorporan las características de los paisajes naturales a través de formas más orgánicas, líneas curvas, colores variados y presencia vegetal en tejados y fachadas. Las propuestas de este artista cada vez se respetan más y se tienen en cuenta por más arquitectos.

 

Se está transformando, además, el paisajismo de muchas capitales con zonas verdes de trazados más orgánicos, con menos tratamientos químicos y admitiéndose cierta convivencia con los insectos y se está admitiendo la aparición de algunas hierbas espontáneas. Paseando por parques y jardines se puede ver como diferentes tipos de hierbas surgen de forma inesperada y aportan un irresistible atractivo. Pero queda mucho por hacer, como por ejemplo distanciar en el tiempo las siegas de las praderas en los parques y en los bordes de las sendas peatonales para que puedan completar su ciclo muchas hierbas y adornarlos con sus flores.

 

El paisajismo es parte de la historia y de la cultura y ha ido evolucionando con el tiempo. Después de haberse introducido ciertas plantas y luchado contra otras, ahora la sensibilidad ambiental parece que da protagonismo a la biodiversidad. Las plantaciones ornamentales deben concebirse para disfrutar de sus atributos estéticos, pero también para aprovechar sus posibilidades ambientales y educativas. Contribuyamos a la “rebelión de las hierbas” que propone J. Ramón Gómez permitiendo que las humildes hierbas crezcan en ciudades y pueblos en los espacios sin utilidad, en jardineras abandonadas, en muros y grietas en el asfalto. Como dice nuestro jardinosofo Santiago Beruete: “parece poca cosa no arrancar las plantas silvestres de nuestros entornos, pero ese gesto está cargado de significado”. Y más significado adquiere, este acto, cuando además de respetar las plantas conocemos sus nombres y sus peculiaridades. Las malas hierbas se convierten en flores preciosas cuando las conocemos.

 

Contamos con maravillosos libros para conocer sus nombres, sus peculiaridades, sus historias y sus superpoderes. Propongo dos:  

 

Raquel Aparicio y Eduardo Barba: Una flor en el asfalto

J. Ramón Gómez: Botánica cercana

Ilustración y descripción botánica de Nancy Anne Kingsbury Wollstonecraft de la Passiflora caerulea cubana, Vol. I, Pl. 25, ca. 1826. Fuente: Wikimedia Commons.

 

 

Durante casi dos siglos, distintas personalidades de la cultura de Cuba, hablaban y buscaban un manuscrito ilustrado sobre la flora de la isla escrito por una mujer procedente Estados Unidos que había residido durante años en Matanzas. Se llegó a dar por perdido. En 2018, Judhit Russell y Emilio Cueto, que le seguían la pista, lo encontraron en la Biblioteca de la Universidad de Cornell.

 

El manuscrito está firmado por Nancy Anne Kingsbury Wollstonecraft, se titula Specimens of the Plants and Fruits of the Island of Cuba, está fechado en 1826 y consta de tres volúmenes y 121 bellas ilustraciones en las que se catalogan gran cantidad de especies botánicas de la región cubana. El descubrimiento ha permitido abrir distintas vías de investigación sobre su autora.

 

Elisa Garrido considera a Kingsbury Wollstonecraft (1791-1828) un caso de estudio muy interesante sobre las relaciones entre lo femenino, la educación botánica, la naturaleza y el contexto colonial. A la vez que permite la reflexión sobre la relación entre arte, naturaleza, cuestiones de género e historia de la ciencia.

 

Las mujeres, consideradas tan bellas y delicadas como las flores, fueron, tradicionalmente, las encargadas de pintarlas y, también, de ilustrar libros de botánica. Esta habilidad, al considerarse una actividad fundamentalmente femenina, se asoció a las llamadas “artes menores”. Pero pintar flores fue, para muchas mujeres, una forma de saciar su interés por la investigación científica y por el mundo del arte, un recurso para entrar, por la puerta de atrás, en dos mundos que les estaban vedados.  

 

A partir del siglo XVIII el sistema de clasificación de Linneo se va extendiendo por todo el mundo y, como consecuencia de ello, la nomenclatura y los saberes ancestrales de los pueblos indígenas sobre las propiedades de su medio vegetal pasan a un segundo plano o, directamente, al olvido. Las mujeres interesadas en la botánica, para poder investigar al margen de las instituciones académicas, crearon nuevos circuitos informales de información e intercambio y prestaron atención a los conocimientos y usos tradicionales de las plantas. Preservaron, de esta forma, el conocimiento que los exploradores de las expediciones científicas estaban poniendo en peligro.

 

Kingsbury Wollstonecraft en sus descripciones de las plantas relaciona los hechos históricos con los usos locales de los indígenas y con sus propias observaciones. Utiliza la nomenclatura latina, indicando orden, genero y especie, de acuerdo con el sistema linneano, sin olvidar los nombres dados por los indígenas y los españoles. Sus textos permiten conocer el contexto cultural ya que incorporan la narración del proceso de búsqueda de la información. Habla de las dificultades de acceso a la formación reglada para las mujeres y de las redes alternativas de conocimiento al margen de las redes oficiales. Todo ello impregnado de portaciones de tipo artístico que traen a la mente a Emily Dcikinson, esa gran poeta, que tenía conocimientos de botánica, realizó un herbario y llevó a la poesía su forma de entender la naturaleza.

 

Kingsbury, tuvo dificultades para encontrar el apoyo de los botánicos residentes en la isla para publicar su obra. Tanto José Antonio de la Ossa como Ramón de la Sagra no podían permitir que ella se adelantara con una publicación, cuando ambos pugnaban por ser reconocidos como el mejor botánico de Cuba. La polémica no fue buena para ninguno de los tres.

 

Kingsbury Wolltonecraft escribió artículos en revistas de la época sobre los derechos de las mujeres. Y está vinculada con grandes figuras de la historia de la lucha por los derechos de las mujeres. Era cuñada de Mary Wolltonecraft (1759-1797), la autora de Vindicación de los derechos de la mujer (1792) y madre de la escritora Mary Shelley (1797- 1851).

 

Cada vez más nombres de mujeres están saliendo a la luz asociados a la ilustración de plantas e insectos. Sirva como ejemplo el caso de María Sibyla Merian (1647-1717) ilustradora botánica y entomóloga que realizó el primer registro detallado de la metamorfosis de las mariposas.  La lista de escritoras científicas es larga, a pesar de que sean aún muchos los estudiosos de la historia de la ciencia que no estén al día. En https://mujeresconciencia.com podemos seguirles la pista.

 

Ellas se aproximaron al estudio de la naturaleza desde una perspectiva íntima, poética y artística que estaba mal vista por las instituciones científicas porque ponían en peligro la supuesta objetividad del método científico normalizado. Pero las obras de las mujeres que escribieron sobre la naturaleza y que ilustraron sus obras fueron fundamentales para aproximar la cultura científica a la sociedad.  Fueron las verdaderas divulgadoras de la naturaleza.

 

Elisa Garrido, que conoce a fondo la figura de Alexander von Humboldt, relaciona la obra de Kingsbury Wolltonecraft con la de este reconocido genio. La ve como una pensadora de la naturaleza con una visión integradora de múltiples perspectivas que interrelaciona, y que no quiere prescindir del arte ni de la poesía.  Como las mujeres inquietas no podían investigar como los naturalistas de su tiempo, ni organizar y realizar grandes expediciones como hizo Humboldt y difundir sus conocimientos después, hicieron ciencia escribiendo un manuscrito y pintando flores como Kingsbury Wolltonecraft.  

Comentarios

01.10 | 13:36

Me va a llevar un "poco" d tiempo ponerme al día en este maravilloso jardin... espero perderme en él 👌

...
27.04 | 03:33

Hola, siento decirte que este majestuoso ejemplar de Samán fue derribado por seguridad el año 2018, según indica un periódico de Hawaii:
https://www.hawaiinewsnow.com/story/37637866/city-to-remove-iconic-monkeypod-tree-in-manoa/

...
21.02 | 12:51

Mi tia siempre nos decía al viajar en coche antes nuestras protestas y cansancios d "tranquilas" queda poco, estamos llegando a Penjamo. Era una niña ...

...
27.12 | 02:42

¡Exquisito jardin!

Gracias por compartir

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