Jazzdín

Jazz de Toni Morrison

La música vibra desde la portada y entre las líneas de esta novela con título musical, Jazz, de Toni Morrison. La música racial que interpretan los negros en las dos primeras décadas del siglo XX. La música que acompaña e impulsa las reivindicaciones sociales:

Aquella música te impulsaba hacer cosas, descabelladas e imprudentes. Solo escucharla equivalía a violar la ley”.

 

La música que hace brotar los impulsos sexuales y sentimentales en esa Ciudad rebosante de gente, de tentaciones y oportunidades: 

“Las canciones que antes empezaban en la cabeza y llenaban el corazón habían caído ahora muy abajo, hasta zonas más allá del ceñidor o del cinturón de hebilla”.

 

Y la que hace que hasta las decisiones o las elecciones personales estén vinculadas a ella, a la forma en que llega la misma melodía interpretada con distintos instrumentos a la mente, un saxo, una trompeta, un clarinete, los tambores o la guitarra pueden aclarar o enredar las emociones:

“Una cierta forma de tocar la guitarra puede provocarte cosas así. No es lo mismo que con los clarinetes, pero casi. Si aquella canción hubiera brotado de un clarinete, lo habría comprendido enseguida. En cambio, las guitarras…me confundieron, me obligaron a dudar de mi mismo, y perdí la pista.”

 

La música que se toca en las terrazas y azoteas, que llena los clubes y que contienen los discos que pueden reproducen los nuevos aparatos con solo hacer girar una aguja metálica. Una música que puedes llevar bajo el brazo y te promete fiesta y diversión en cualquier apartamento de la Ciudad. Esa Ciudad sin nombre, pero que solo puede ser Nueva York, que es el escenario necesario e imprescindible para la música que está latiendo en las páginas de la novela de Toni Morrison.

 

La música que se convierte en el impulso de vida y crecimiento de la Ciudad. Y la Ciudad que es el club en el que se está generando esa música. El jazz y la cuidad, como escenario, son los verdaderos motores de esta narración y el hilo conductor de la historia que se narra. Hasta la estructura de la narración está condicionada por reglas de este estilo musical.

 

El tema, el argumento, se presenta ya en las primeras páginas, desde el principio conocemos el nudo de la narración y el desenlace. La historia fruye después, y se completa con las aportaciones en tercera y primera persona de los personajes, y de dos narradoras, una que es objetiva y mira desde fuera y otra que observa desde dentro. Todos ellos como en una orquesta de jazz, van desarrollando e interpretando los detalles.

 

La big band, con su líder al mando y con todos los instrumentistas, entra con el tema principal. Los instrumentos solistas los tocan Violet, Joe, Dorcas y Felice: aportan su punto de vista e improvisan, se dejan arrastrar por su trayectoria personal, por sus recuerdos, desnudan sus sentimientos, se remontan a su infancia y asocian acontecimientos separados en el tiempo.

 

La vocalista es la narradora que presencia de cerca los acontecimientos, que elabora todos los elementos porque es curiosa, tiene inventiva para entrelazar las vidas de los personajes, está bien informada y se impone con su voz.

 

Solo estoy hablando de música para referirme a esta novela, pero puedo asegurar que está, además, llena de contenido. Toda esta música acompaña una historia de amor como tantas, pero curiosa, bella pero atroz, envuelta en un tiempo, un espacio, un contexto sociopolítico y un sonido concreto, como pocas. Una historia infeliz a su manera, distinta a todas las demás.

 

Toni Morrison publicó esta novela, ambientada en el Harlem de la década de 1920, en 1992. No la leí en ese momento, y aunque intenté hacerlo muchas veces, buscando algún ejemplar en librerías de actualidad, en las de viejo y en bibliotecas públicas, tuve que resignarme y esperar. Ahora, por fin se acaba de reeditar y puedo incluirla entre los libros que guardo en mi Jazzdín. Quiero que bajo estos árboles paseen Violet y Joe que se conocieron en un nogal y llenaron sus apartamentos de plantas y pájaros, y que Dorcas y Felice, con un disco bajo el brazo, corran a ponerlo en una gramola y se harten a bailar. Quiero conjurar las atrocidades de la realidad en este jazzdín que, como buen jardín, guarda entre sus muros lo mejor, lo que deseamos preservar. Te invito a conocerlos. Como dice Marco Martella se puede entrar en un libro como se entra en un jardín. En este jardín lleno de Jazz.

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Comentarios

27.04 | 03:33

Hola, siento decirte que este majestuoso ejemplar de Samán fue derribado por seguridad el año 2018, según indica un periódico de Hawaii:
https://www.hawaiinewsnow.com/story/37637866/city-to-remove-iconic-monkeypod-tree-in-manoa/

...
21.02 | 12:51

Mi tia siempre nos decía al viajar en coche antes nuestras protestas y cansancios d "tranquilas" queda poco, estamos llegando a Penjamo. Era una niña ...

...
27.12 | 02:42

¡Exquisito jardin!

Gracias por compartir

...
27.12 | 02:40

¡Exquisito jardin!
Gracias por compartir el lado amable de la vida

...
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