Jardín gijonés

Manuel del Busto, 1903. Rehabilitada en 2006 por Fernando Martín

 

En la c/ Cabrales (nº 18) se levanta un edificio que destaca entre construcciones más altas y menos atractivas como una hermosa flor silvestre entre la hierba de un prado en primavera. Con esta construcción, con la que presentó su talento como arquitecto Manuel del Busto al comenzar el siglo XX en Gijón, quiero celebrar y dar la bienvenida a la primavera.

 

Gijón enfrentó el siglo XX con euforia: una población en crecimiento, planes para nuevas y modernas construcciones, desarrollo industrial y afluencia de capitales procedentes de los indianos que volvían a Gijón después del 98 deseando invertir su fortuna en la economía local. Los indianos también querían demostrar su influencia a través de la calidad y el lujo de edificaciones y viviendas. Esta, la mandó construir Celestino García de la Noceda, que era hijo de un indiano adinerado, como domicilio familiar al contraer matrimonio con Rosa García, hija de Gumersindo García Cuervo, quizás el indiano más conocido de Gijón. Si indianos eran los que encargaron el proyecto, eligieron a un joven arquitecto con su misma procedencia, ya que Manuel del Busto había nacido en Cuba y volvió con sus padres, que más que con dinero, regresaron con recursos justos para dar estudios superiores a sus hijos.

 

Del Busto, que no había cumplido los 30 años, consideró el encargo como una posibilidad para encauzar su carrera.  Se vió ante el reto de dar relevancia a un proyecto relegado en un solar rodeado de construcciones, aunque céntrico. Tenía que encontrar la fórmula para destacar su obra y que esta llamara la atención dentro del conjunto de edificios del centro, quería que fuese su carta de presentación y la muestra de su talento. Encontró la solución en disponer un remate en altura que identificará el edificio desde cualquier punto de la ciudad: que se viera como la corola de una hermosa flor desde cualquier parte del casco urbano. En la unión de las fachadas este y sur diseñó un observatorio (desde el que admirar la playa y la ciudad) en forma de torre cubierta con una cúpula con reminiscencias medievales y centroeuropeas. Resulta curioso, por ello, que hoy se conozca como el edificio Varsovia, realmente nos traslada a las latitudes de la ciudad que da nombre al bar de copas de la planta baja.

 

El edificio en su conjunto es una flor con la corola destacando en la altura. Los elementos decorativos de la fachada, de estilo ecléctico, están llenos de flores. El interior de las viviendas responde a un lenguaje estético modernista en el que proliferan los jardines, las flores y las aves. Las maderas, escayolas, pintura, vidrieras son un muestrario de lo mejor que podían hacer los artesanos de los talleres locales y parece conectar con el movimiento arts and crafts inglés, trae a la memoria los trabajos de William Morris y su revalorización estética del trabajo artesanal.

 

La torre y la cúpula se convirtieron en una flor que sobresalía entre los tejados de Gijón hasta que en 1970 se retiró, junto con la mayor parte de los elementos decorativos de las fachadas, para evitar los desprendimientos ocasionados por el desgaste y fatiga de los materiales en un ambiente de miedo generalizado por los derrumbes en este y otros edificios. Nos dice Héctor Blanco que “entre 1968 y 1969 se suceden en pocos meses fuertes temporales de lluvia y viento; las voladuras en la Campa de Torres para la ampliación del puerto y la construcción de la central térmica de Veriña hacen que tiemble gran parte de la ciudad, y a estas se unen las vibraciones producidas por un terremoto en febrero de 1969”. A la vez se fueron construyendo edificios de grandes volumetrías que restaron protagonismo a la flor de Manuel del Busto. 

 

Este edificio ha recuperado su torre y su peculiar fachada, mezcla de elementos arquitectónicos dispares (frontones, tejadillos, diversos tipos de arcos, pináculos,..) y materiales como la cerámica policromada de Zuluaga, gracias la rehabilitación de Fernando Martín en 2006. Esa rehabilitación nos permite, hoy, celebrar la primavera elogiando la gran flor de  la torre con su cúpula y las más pequeñas repartidas por las fachadas y los interiores.

 

Para saber más de la historia de este edificio y de su rehabilitación conviene leer y contemplar las ilustraciones del libro Ave Fénix, la recuperación del edificio de la calle Cabrales nº 18 de Gijón de Héctor Blanco.

c/ Cabrales, 18, edificio de Manuel del Busto, los azulejos se encargaron al ceramista Daniel Zuluaga

Las ciudades son construcciones históricas, se forman a lo largo del tiempo por la yuxtaposición de piezas, constituidas por tramas, que responden a las necesidades sociales y económicas, a las posibilidades técnicas y a los planteamientos culturales de cada época. El plano presenta todas esas tramas ante nuestros ojos y es el mejor instrumento para entender la ciudad.

 

Gijón, a través del plano, como otras ciudades españolas de su tamaño, nos cuenta la historia de nuestro país sin olvidar las peculiaridades de su localización geográfica y del contexto de una región como la asturiana. Solo tenemos que saber leer, que familiarizarnos con el lenguaje de las calles, manzanas, zonas verdes y espacios industriales representados en dos dimensiones en un pliego de papel.

 

El cerro de Santa Catalina es la pieza clave que da carácter a Gijón. Por una parte, se puede ver como el baluarte de una muralla que separa en dos partes la bahía que se extiende entre dos cabos: el de Torres y el de San Lorenzo, en poniente un gran arenal (Natahoyo y Jove) y en oriente, otro arenal, el de San Lorenzo,  hasta la desembocadura del Piles.

 

Por otra parte, ese cerro que se adentra con sus pendientes abruptas en el mar, es el  punto de partida de Gijón: una pequeña población que extiende su caserío en la parte meridional para protegerse de los vientos del nordeste. Hacia el sur encontramos las elevaciones de Ceares, El Real y El Coto de San Nicolás, entre las que se extendían extensas áreas inundadas.

 

El crecimiento físico de la ciudad estuvo siempre limitado por la necesidad de secar las zonas pantanosas. En primer lugar las arenas del tómbolo que unía el peñasco del cerro con tierra firme. Más tarde la zona del Humedal y el barrio de la Arena, y ya en el s. XX la desembocadura del Piles, la canalización y la construcción del parque de Isabel la Católica.

 

El motor de crecimiento espacial y poblacional de Gijón fue la industrialización. El desarrollo de la minería del carbón en el s. XIX en la cuenca central y el trazado de infraestructuras de transporte hacía el puerto facilitó la instalación de fábricas en la ciudad.  Después, la localización de empresas siderúrgicas en el valle de Aboño, relanzó el crecimiento de Gijón durante el s. XX.

 

La respuesta a las necesidades de vivienda, se tradujo en nuevos trazados como el Ensanche decimonónico de La Arena (iniciado en 1867) y la ciudad-jardín del Coto (1898). Durante este siglo y el siguiente fueron creciendo los barrios obreros en la zona occidental y en el sur, pensemos en La Calzada y El Llano, mientras que la zona oriental se configura como área residencial de clases medias y altas. La expansión hacia el sur sigue hasta el s. XX y el XIX a través urbanizaciones como Pumarín, Nuevo Gijón, Montevil y Nuevo Roces.

 

En el Museo Barjola se puede disfrutar de la exposición La construcción histórica de la ciudad de Gijón hasta el día 31 de mayo, para comprender el lenguaje del plano como instrumento privilegiado de interpretación. Esta exposición forma parte de un proyecto interdisciplinar más amplio de investigadores de la Universidad de Oviedo (VRBE II). No podemos perder la oportunidad de contemplar los planos y las fotografías de los distintos momentos históricos. Especialmente en un  momento como este, en el que nos debatimos por el futuro de la ciudad.

Comentarios

27.04 | 03:33

Hola, siento decirte que este majestuoso ejemplar de Samán fue derribado por seguridad el año 2018, según indica un periódico de Hawaii:
https://www.hawaiinewsnow.com/story/37637866/city-to-remove-iconic-monkeypod-tree-in-manoa/

...
21.02 | 12:51

Mi tia siempre nos decía al viajar en coche antes nuestras protestas y cansancios d "tranquilas" queda poco, estamos llegando a Penjamo. Era una niña ...

...
27.12 | 02:42

¡Exquisito jardin!

Gracias por compartir

...
27.12 | 02:40

¡Exquisito jardin!
Gracias por compartir el lado amable de la vida

...
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