Jardín gijonés

Cerezo en flor, Arboreto de Miera, Piloña

“…me atrae singularmente la Naturaleza, donde encuentro la fuente inagotable de significado, misterio y disfrute, en sintonía con un espíritu romántico y proclive a mostrar sus emociones.”

 

José Ramón Cuervo-Arango

 

 

Las fotografías de José Ramón Cuervo-Arango (Gijón, 1947) son en negro y blanco, negro de cuervo y blanco de Arango (por las vocales, las sílabas y la sonoridad). Son música. Son poesía. Son árboles. Son flores. Son agua. Son piedra. Son aire, nubes y sobre todo luz, luz hacedora de formas y misterio. Son sensibilidad, belleza y armonía.

 

Visitando el museo de Bellas Artes de Asturias descubrí la fotografía de un árbol, un haya, desnuda de hojas, parada en medio del invierno, que me cautivó. Tuve que ampliar esa experiencia y subsanar la desdicha por no haber podido disfrutar de la exposición Mi paisaje que se celebró en el museo en 2019, con una selección de sus trabajos desde que empezó a mirar el mundo desde el objetivo de sus cámaras, hasta la actualidad. Esta exposición viajó después al Centro de Arte de la Diputación de León y, este último otoño, parte de la misma se pudo ver en Suiza.

 

Busco información, contemplo fotos a través de internet, me empapo en el catálogo de la exposición Mi paisaje que he encontrado en la biblioteca pública, en los textos y especialmente en cada fotografía, en la magia y la poesía que desprenden.

 

En el catálogo encontré mas árboles. Ellos son protagonistas en muchas de sus fotografías. La naturaleza es su fuente de inspiración, retrata los árboles, las plantas, las flores, la nieve, las piedras del fondo de los ríos, el mar, las rocas, edificaciones humildes y/o antiguas, menhires inmersos en el medio natural. Se siente motivado por el fino y complejo orden que percibe en un universo, de apariencia caótica, pero sin discontinuidades, donde cada elemento está vinculado con todos los demás.

 

Retrata los elementos de la naturaleza y los engarza entre si a través de la música. En las notas biografías del catálogo, el mismo, nos dice: “la Música es una fuerza dominante en mi vida, sus ritmos sus armonías y variadas resoluciones aparecen en mi obra como reflejos en un espejo”. Una exposición de 2017 le rinde homenaje explícito a esta disciplina artística, se llama Música de Cámara.

 

La elección del momento, la luz, la música y la poesía le permiten pasar sus emociones al papel y de éste a los sentidos del observador. Completa sus obras, en algunos casos, con títulos poéticos que las envuelven de referencias estéticas muy variadas. Copio algunos que están llenos de sensibilidad y compiten con las imágenes:

El libro de Taliesin para una fotografía de un bosque del que vemos infinidad de troncos que nos trasladan al mundo de las narraciones artúricas.

A quién estuvo, está o estará aquí y ahora, para unos pinos de troncos modelados por los vientos marinos en la bahía de Aigüabrava en Gerona.

Florestan y Eusebius para dos troncos opuestos por su color sobre un fondo boscoso que traen la música de Shumann y sus dos personalidades encontradas.

- La trilogía La Diosa Negra en la establece un diálogo con versos de un poema de Robert Graves y nos muestra hojas, un tronco y un brote. Y La Diosa Blanca donde vemos un río en el que se miran las hojas, las ramas y las piedras de la orilla, con el mismo título que una monografía de este mismo escritor.

 

Son fotos en pequeño formato, él dice que trabaja con materiales clásicos, que su fotografía es argéntica (en vez de analógica) al utilizar la plata como sustrato sensible a la luz. Consigue con estos recursos unos resultados que parecen salir de un artista japonés como apunta Juan Manuel Bonet en el catálogo, comparándolo con Masao Yamamoto, amigo de la naturaleza, del silencio, el pequeño formato y el blanco y negro.

 

Entre las fotografías de Mi paisaje podemos contemplar bastantes de Gijón como Camino de La ÑoraBosque quemado (Pinzales), MatinadaVisión fugitiva del puente Deva (árboles, ramas y hojas)Treemonisha (Carbayera de El Tragamón), llenas de árboles y fresca vegetación, del resto de Asturias y de muchos otros lugares del mundo.

 

Cuervo-Arango es un fotógrafo deleitante, médico de profesión, que ha conseguido situarse entre los más reconocidos de la región, de España e internacionalmente. Su obra forma parte de importantes colecciones como la Biblioteca Nacional de París, el Museo Pompidou y la Manfred Heiting Collection (Museum of Fine Art, Houston) entre otras instituciones culturales. Además, está incluido en la Enciclopedia Internacional de Fotógrafos de la Fundación Auer Ory. Es un artista que disfruta y se emociona mirando por el objetivo de su cámara y revelando sus particulares visones. Un artista que consigue, el difícil objetivo, de transmitir emoción a quien se encuentra con su obra. 

 

El paisaje de la ciudad que estamos viendo ahora, es el resultado del paso del tiempo, de las tramas, de los edificios y de la historia que han ido sucediéndose en ese escenario. Parece quieto, pero que en realidad nunca para de moverse, siempre está cambiando. Sobre esa imagen urbana actúan las decisiones políticas y económicas, los movimientos artísticos y los gustos de las clases dominantes, pero también actúa la memoria colectiva de sus habitantes.

 

Nos gusta saber la época,  las causas y las consecuencias de la construcción de un edificio singular. También, la dirección, expansión y contenidos sociales de las distintas zonas residenciales o barrios. Pero solemos olvidar como algunos acontecimientos, tan importantes como una guerra, dejan sus huellas en la ciudad. Primero porque queremos olvidar los episodios trágicos de nuestra memoria y luego, porque, las generaciones que no vivieron esa contienda, carecen de referentes. Es necesario esforzarse para leer en pequeños detalles los rastros de unos acontecimientos que afectaron la cotidianidad de nuestros abuelos, que los años han ido difuminando y el olvido borrando. Hay que aprovechar recursos como la fotografía y las exposiciones que las muestran para actuar sobre la desmemoria.

 

Termina ahora, con el mes de enero, la exposición, FRENTE A TRENTE, DOS VISIONES FOTOGRÁFICAS DE LA GUERRA CIVIL que se ha podido ver en el Centro de Cultura Antiguo Instituto durante más de tres meses. En ella se muestran las fotos realizadas por Constantino Suárez (1899-1983) y Florentino López “Floro” (1900-1954).  En esta exposición Constantino Suárez fue el reportero gráfico del Frente Popular y de Gijón. Mientras que Floro se convirtió en testigo del Oviedo rebelde y de su asedio.

 

Aunque han pasado algo más de ochenta años desde la Guerra Civil española (1936-1939), sus consecuencias forman parte de la vida de las generaciones que se han ido sucediendo desde entonces y muchas de las heridas que causó siguen estando ahí y siguen formando parte del discurso del rencor de algunos partidos políticos nostálgicos del franquismo. Nos acercamos a nuestra historia reciente de forma emocional pero ignoramos casi todo lo que realmente pasó. Las fotografías de Constantino Suárez nos muestra distintos aspectos de la vida de la guerra en Asturias y en Gijón: los efectos de los bombardeos aéreos y desde el mar, el cerco de los cuarteles por los milicianos y también la vida cotidiana como las colas para comprar, los calles llenas de carteles, los comedores y los orfanatos.

 

La guerra en Gijón se desarrolló entre el 20 julio de 1936 y el 21 de octubre de 1937. Fue la capital de la Asturias republicana y la sede del Consejo Interprovincial de Asturias y León que se encargó de organizar la defensa de la región. ¿Cómo se tradujeron los bombardeos en la ciudad y cuáles fueron sus objetivos?,  ¿Dónde estuvieron los refugios, hospitales, casa de socorro, orfanatos y comedores de Asistencia Social? ¿Y las cárceles hasta octubre del 37 y después de la caída de los republicanos?, preguntas y más preguntas que todavía se pueden rastrear a través de exposiciones como esta.

 

Las fotografías de estos dos fotógrafos están depositadas en el Museo del Pueblo de Asturias. Un libro nos permite conocer la  obra de Constantino Suárez desde 1924 hasta 1937, reconstruir la historia grafica de nuestra ciudad (se puede descargar en la web del Ayuntamiento de Gijón) y descubrir a un fotógrafo capaz de añadir, a su misión de reportero, inquietudes artísticas. Después de la entrada del ejército franquista en Gijón fue detenido hasta finales de la década de los cincuenta. Continúo haciendo fotografías hasta su muerte y, a pesar de las penalidades que padeció en la posguerra, conservó e inventarió su archivo fotográfico. Un parque, en el barrio del Coto, lleva su nombre.

 

Las fotos de Constantino Suárez nos permiten hoy conocer una parte importante de la historia del siglo XX en Gijón y rescatar retazos de la memoria colectiva de la ciudad. Tenemos que caminar con los ojos abiertos, intentando ver la historia que esconden las calles y los edificios de la ciudad. Nos acercan la historia y episodios que todavía están flotando en el aire. Esos episodios que llenan nuestra bocas y de los que, casi siempre,  tan poca cosa sabemos.  

Forma parte del Jardín Botánico Atlantico

 

Este vergel que el ánimo recrea

con su frondosidad y su hermosura

¡ para ti, pliegue a Dios que siempre sea

Isla de paz, de amor y de ventura!

(Versos de Ramos Carrio dedicados a Florencio Valdés)

 

Se llamaba Florencio, Florencio Valdés (1836-1910). Fue uno de los impulsores de la modernización de Gijón a finales del siglo XIX. Se embarcó en proyectos como la instalación del tranvía de tracción animal hasta La Guía, la puesta en marcha periódico El Comercio, el transporte marítimo y la creación de un complejo de ocio –los Campos Elíseos- con parque, teatro-circo, baños públicos, kiosco de música y café-restaurante*. Se vivía, entre los industriales y hombres de negocios en este momento, un duro enfrentamiento entre los partidarios de mejorar el antiguo puerto y los que apostaban por crear uno nuevo con mejores condiciones para la navegación: El Musel. Estos últimos, se llamaban los muselistas y los otros, los que creían que era posible mejorar el viejo puerto, apagadoristas. Florencio Valdés era uno de los más destacados miembros del bando apagadorista.

 

Además de destacar como emprendedor en el mundo de los negocios, Florencio Valdés amaba la naturaleza y la jardinería. Francisco Prendes Quirós en el discurso que le dedicó en el centenario de su muerte dice: “es más que posible, como era corriente en la sociedad gijonesa de su tiempo, que en sus años mozos hubiera viajado por el extranjero para aprender los secretos del comercio y, sobre todo, para conocer el mundo, y seguro que en esos viajes juveniles conoció fincas y jardines, y que de aquellos años de formación le vinieran los ardores botánicos…” Y aquí paro la cita, pues no he hablado aún del Jardín de la Isla, aunque si haya salido a relucir, un poco, el proyecto de los Campos Eliseos.

 

Cuando don Florencio se casó,  compró unos terrenos en Cabueñes en los que construir su casa y su jardín, quería crear una Isla llena de árboles y flores que compitiera con la finca de Anselmo Cifuentes, su suegro, también situada en Cabueñes, visitada y alagada por las personalidades más importantes del momento. Según Prendes Quirós: “don Florencio visitó, con el jardinero que se ocupó de los cuidados de La Isla, diversos jardines del sur de Francia y algunos de Paris, de donde le viene a la posesión el estilo paisajista a la manera de las grandes fincas de recreo europeas, de las que la Quinta de la Regaleira o los Palacios da Pena y Monserrate son ejemplo que aún perviven en la colina de Sintra”.

 

En el Jardín de la Isla nos encontramos con jardines barrocos, románticos y paisajistas. Así como un paseo de plátanos de sombra que cobija una colección de camelias del Japón y una pista de tenis que servía, además, para escuchar música y presentar exposiciones. A todo esto hay que añadir los ingenios de agua, precedente de los actuales parques acuáticos, aprovechando la corriente del río Peñafrancia para crear estanques para el baño, el paseo y el descanso; cascadas y una piscina excavada en las rocas; entre grandes árboles y recorrido por pintorescos puentes. Parece que a don Florencio, le gustaban todos los jardines y le costaba decidirse por un estilo, y como contaba con mucho espacio, puso en marcha los que más le entusiasmaban y se adaptaban a las condiciones del lugar. Ese Jardín de la Isla se convirtió en el lugar de ocio para los apagadoristas, allí celebraban banquetes y fiestas, paseaban y se bañaban.

 

El Jardín de la Isla fue siempre un lugar de encuentro social, fue una propiedad abierta. Una tarde a la semana se abría a las personas que quisieran conocerlo y pasear bajo los árboles. Hoy forma parte del Jardín Botánico Atlántico y podemos seguir visitándolo y admirándolo.

 

Se llamaba Florencio, le gustaban las flores y los árboles. Creó su Isla particular, su jardín. Le pareció tan hermoso que lo quiso compartir con sus amigos y con todo el mundo. Afortunadamente, ha pasado más de un siglo y el jardín está más hermoso que nunca, los árboles son más altos y frondosos y las flores siguen tan bellas y delicadas. Podemos visitarlo, todos los días de la semana, y disfrutarlo ¡Sigue siendo Isla de paz, amor y ventura!

 

* De este proyecto solo queda el exiguo triángulo, con alguna triste acacia, enfrente de la iglesia de los Capuchinos y la memoria de los Campos Eliseos, nombre que recibío el único elemento que se realizó, fue teatro y cine, además de sala para mítines políticos. Se cerró en 1962.

Comentarios

27.04 | 03:33

Hola, siento decirte que este majestuoso ejemplar de Samán fue derribado por seguridad el año 2018, según indica un periódico de Hawaii:
https://www.hawaiinewsnow.com/story/37637866/city-to-remove-iconic-monkeypod-tree-in-manoa/

...
21.02 | 12:51

Mi tia siempre nos decía al viajar en coche antes nuestras protestas y cansancios d "tranquilas" queda poco, estamos llegando a Penjamo. Era una niña ...

...
27.12 | 02:42

¡Exquisito jardin!

Gracias por compartir

...
27.12 | 02:40

¡Exquisito jardin!
Gracias por compartir el lado amable de la vida

...
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