República Arbórea

Ejemplo de reiteración. Un nuevo arce surge de las raíces del tronco del viejo. Parque de El Lauredal, Gijon.

 

 

Los árboles están cerca, están en la calle, en la plaza, en el parque, en los alrededores de la ciudad. Tienen muchas cosas que contarnos. Los secretos de la vida, la fotosíntesis, la complejidad de las relaciones entre los seres, su papel en el paisaje, sus beneficios para la salud en el medio urbano, sus posibles propiedades medicinales, su valor económico, sus posibilidades poéticas y filosóficas. Los árboles pueden dar lecciones de química, de biología, de geografía, de literatura, ecología, de historia, de arte, etc. Ya que la botánica no está en el currículo académico, conviene reaccionar contra nuestra lamentable ignorancia respecto a las plantas, viendo las vinculaciones que estos representantes del reino vegetal, tienen con el resto de las disciplinas, ya que todas se han mirado en los árboles. 

 

Por otra parte, los árboles son un instrumento fundamental a través del que abrir la mente al conocimiento desde una perspectiva multidisciplinar. Los árboles pueden favorecer el encuentro entre los distintos saberes aislados. Y además, unir el enfoque científico con la experiencia vivida y con la expresión artística.

 

Los árboles ejemplifican claramente la diferencia entre los conocimientos superficiales y los más profundos a través de la metáfora de sí mismos. La mayoría de las representaciones de los árboles son incompletas, se refieren a la base del tronco y una parte de la copa. Se olvidan las raíces y se desestima, por lo tanto, su tamaño proporcional. Es como si para representar una persona prescindiéramos de las piernas, los hombros y la cabeza.

 

Francis Halle, botánico que ha dedicado su vida al estudio de los árboles, manifiesta, además, la incapacidad de nuestro lenguaje para captar la realidad de los árboles. No es suficiente con catalogarlos y describirlos, habría que transmitir aspectos sensoriales que solo pueden percibirse con el contacto directo y a través de la poesía. Está de acuerdo con el escritor John Fowles cuando dice de los bosques:

 

“En cierto modo, los bosques son como el mar, demasiado diferentes e inmensos en cuanto a sus desafíos sensoriales, así que, al final, todo lo que podemos es captar la mera superficie o atisbar un brevísimo destello. Ningún visor, ningún papel, ni ningún lienzo pueden atraparlos. Imposible enmarcarlos. Y las palabras son igualmente fútiles, demasiado complicadas y manidas para poder capturar la realidad.

 

Por su fuera poco todo lo anterior, en estos tiempos en que triunfa la tecnociencia, somos completamente incapaces de construir un edificio que tenga las mismas propiedades tecnológicas que un árbol.

 

Esbozo algunas de las muchas posibilidades educativas de los árboles saliendo a las calles de Gijón, nuestra ciudad:

 

- Distinguir los árboles autóctonos y los más frecuentes en los espacios urbanos.

- Podemos ver ejemplos de plantas epifitas que se desarrollan en otra planta sin parasitarla como los helechos que encontramos en los troncos de muchas palmeras canarias.

- Observar el proceso de reiteración traumática. En el Parque de El Lauredal, hay un tronco de arce seco que se salva haciendo aflorar desde sus raíces un nuevo ejemplar o clon. En este caso, además, un laurel crece en el tronco del árbol que se secó.

- Observar especies poco habituales en nuestras latitudes como el ginkgo biloba, único superviviente de su género, familia y orden. Se considera un fósil viviente. Un año después de la explosión de la bomba atómica en Hiroshima, un ginkgo destruido y seco volvió a brotar.

- Conocer que algunos árboles como el plátano de sombra son más resistentes en condiciones de alta contaminación atmosférica o que otros absorben grandes cantidades de CO2 como el kiri (paulownia o árbol emperatriz).

- Comprender el concepto de ecosistema. En un árbol encontramos un mundo: líquenes, hongos, insectos, reptiles, mamíferos, y aves. Los árboles enseñan a ver el bosque.

- Un castaño cuenta la historia a través de su fruto, las castañas, que sirvieron durante siglos como alimento. Otros árboles tienen otras historias que contar.

 

Un aspecto que debe estar siempre presente al utilizar las posibilidades didácticas de estos seres, son los siete grandes beneficios socioeconómicos y ambientales de los árboles en el entorno urbano según la agencia Habitat (Programa de Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos):

 

1- Los árboles desempeñan un papel importante en el aumento de la biodiversidad urbana.

2- Un árbol maduro puede absorber hasta 150 Kg. de gases contaminantes al año. Son fundamentales en la mitigación del cambio climático y hacer de las ciudades lugares más saludables para vivir.

3- Los árboles grandes son excelentes filtros para contaminantes urbanos y partículas finas como el polvo, la suciedad o el humo del aire.

4-  La ubicación estratégica de los árboles puede ayudar a enfriar el aire entre 2 y 8 grados centígrados. Pueden reducir, situados junto a los edificios, la necesidad de aire acondicionado en un 30% en verano, y reducir las facturas de calefacción en invierno entre un 20 y un 50%.

5- Las investigaciones muestran que vivir cerca de espacios verdes y tener acceso a ellos puede mejorar la salud física y mental, por ejemplo, a disminuir la presión arterial alta y el estrés.

6- Los árboles maduros regulan el flujo de agua y desempeñan un papel clave en la prevención de inundaciones y la reducción de desastres naturales.

7- La planificación de paisajes urbanos con árboles puede aumentar el valor de una propiedad hasta un 20%, y atraer el turismo y los negocios.

 

Las posibilidades de los árboles en la educación son incontables, no solo son muchas, sino, que están interconectadas unas con otras y con la vida. El árbol está íntimamente mezclado con nuestra vida, con nuestra historia, con nuestra visión del mundo e incluso, con nuestro origen como especie. Para nosotros el interés en el árbol se extiende más allá del extremo de sus ramas y más profundamente que sus raíces. ¡Salgamos a la calle con las niñas y los niños y estudiemos con los árboles!.

 

 

De árboles no hay que hablar; este es un coco

que asusta al propietario y el labriego,

a quien los planta lo apellidan loco.

 

Melchor Gaspar de Jovellanos (1744-1811) es uno de los ilustrados españoles más interesados en estudiar y comprender la naturaleza. Tanto como tratadista que escribe de asuntos relacionados con la explotación de recursos naturales, como divulgador de conocimientos científicos o como autor de composiciones poéticas. En la producción intelectual de Jovellanos, está omnipresente la naturaleza a la que interroga con el fin de obtener bienes para la humanidad o para expresar su posición ante las bellezas naturales y para comunicar y expresar sus sentimientos.

 

Los árboles, junto con los elementos de la geología, son sus protagonistas principales dentro del escenario de lo natural, pero además también son muy relevantes dentro de su visión de la ciudad y del urbanismo.

 

Cuando se hace un recorrido por las múltiples facetas del Jovellanos escritor nos asombran, en primer lugar, los variados, y a veces, contrapuestos puntos de vista desde los que enfoca el mundo vegetal. Nos vemos, por ello, obligados a encontrar la forma de abordar visiones contradictorias respecto a los árboles que, en principio, no casan.

 

Algo parece no encajar, no puede ser que la misma persona que habla de los bosques en el Informe sobre la ley agraria (1795) como un elemento estratégico que debe estar inmerso en las leyes del mercado -el verdadero motor de su conservación y expansión- sin que el Estado interfiera con medidas protectoras que obstaculicen la iniciativa individual. En otro momento, escriba un Tratado de botánica mallorquina (1801) que denota una actitud de admiración y respeto hacia las maravillas de la naturaleza ordenada para servir al ser humano. Y, rizando el rizo, encuentra en los árboles, y en el medio natural en general, la fuente de la felicidad, se identifica con ellos, los considera inconmensurables y misteriosos, llegando al extremo de denunciar la destrucción de los bosques. Por ejemplo, en su Descripción del castillo de Bellver (1806) al mostrar los alrededores del castillo lamenta la desaparición del bosque bajo “los golpes del hacha desoladora” dando paso a un panorama de “fealdad y tristeza” y lo asocia a la desaparición de la fauna, ya que “al paso que caían los árboles (…) le iban abandonando sus inocentes y antiguos moradores”.

 

Tampoco parece compatible, con los anteriores, el poeta que se exalta ante el paisaje y dialoga con los árboles expresando sus sentimientos: “¡Oh árbol majestuoso, que como patriarca del valle te presentas a mi diaria meditación y qué ilusiones no suscitas en ella ¡(..) Tú has visto pasar rápidamente los siglos (…) tú ves ahora inmóvil la generación que respira (…) tú verás a los que no nacieron aún pasar y atropellarse en la misma carrera.” Ni tampoco parece compatible con el ingeniero que ve la naturaleza como un ámbito a mejorar y dominar para promover la prosperidad general, que no está a favor de los usos comunales de los montes ni del disfrute de los bosques como espacios de ocio y caza para la clase aristocrática.

 

También nos sorprende el ciudadano que propone un Plan de Mejoras (1782) para Gijón, su ciudad natal, en la que tienen un papel importante los arbolados de calles, plazas y alrededores. El hombre que propone la plantación de álamos para fijar el arenal de San Lorenzo, tanto en los alrededores la iglesia de San Pedro y Campo Valdés como en la parte este de la playa. Él que impulsó el saneamiento del Humedal para convertirlo en espacio de esparcimiento popular con plantío masivo de árboles (álamos y sauces llorones o de Babilonia, fundamentalmente) y punto de confluencia de un conjunto de paseos con el nombre de La Estrella. Él que promovió la utilización del cerro de Santa Catalina como espacio de recreo y su integración en la trama urbana a través de la floresta. Él que procedió a dotar de sauces de Babilonia (su árbol favorito) álamos y laureles la actual plaza del Seis de Agosto. Él que invirtió su propio capital para adquirir árboles en el vivero del Real Sitio de Aranjuez como muestran las cartas dirigidas a su hermano Francisco de Paula y a Carlos Posada, cuando les cuenta el número, variedad, procedencia y lugar de plantación de los árboles (álamos, abedules, fresnos, robles, laureles y algunas especies exóticas como catalpas, nopales y palmeras) que destina a Gijón.

 

José Luis Ramos Gorostiza en un artículo sobre Jovellanos y la naturaleza distingue tres personalidades en el escritor. Por una parte, el Jovellanos economista para quien la naturaleza es una fuente de obstáculos físicos que hay que vencer en aras del progreso, el Jovellanos aficionado a las ciencias naturales que ve la ciencia como camino para controlar, por medio de la razón, el medio natural y, por último, el Jovellanos literato que anticipa el romanticismo expresando la idea de comunión con la naturaleza. Los dos primeros, el economista y el aficionado a las ciencias naturales, son claramente compatibles. Sin embargo, el Jovellanos literato no lo es tanto, se presenta como un prerromántico con una sensibilidad hacia el paisaje que no difiere esencialmente de la que presenta Rouseau en algunos pasajes de sus Confesiones o en Las ensoñaciones de un paseante solitario. Jovellanos tiene una actitud compatible con la que muestran en sus cuadros pintores como Friedrich o Turner, o con las posturas de Thoreau y Emerson, considerados la inspiración fundamental del movimiento conservacionista americano.

 

Propongo añadir a esas tres personalidades una más, la del Jovellanos urbanista que utiliza la naturaleza a través de los árboles como medio para mejorar la realidad urbana de su tiempo y en la que se involucra intensamente desde el punto de vista subjetivo y personal. Este Jovellanos urbanista podría considerarse, así, un puente entre el Jovellanos economista-aficionado a las ciencias y el Jovellanos literato. Siempre que se tenga en cuenta que no se puede evaluar a Jovellanos olvidando alguna de sus múltiples facetas. En su obra hay una intencionalidad unitaria a pesar de su carácter polifacético.

 

Para Ramos Gorostiza el hombre público y reformador social que escribe para hacer recomendaciones a las instituciones para impulsar la economía, que no duda en reivindicar la naturaleza civilizada en virtud de la utilidad pública, se impone sobre el otro con ensoñaciones poéticas o evasiones romántico-literarias. Quizás no sea tan difícil entender esta aparente contradicción de personalidades si contextualizamos la figura del escritor en su época. Jovellanos estudia, analiza y propone, desde la mentalidad de la Ilustración, en un país atrasado que tiene muchas asignaturas pendientes. A la vez, Jovellanos vive en la cresta de la ola de un nuevo modo de ver y afrontar el mundo desde el interior, desde el corazón.

 

Puede parecer un hombre algo “loco” pero es un “loco encantador” que compraba y plantaba árboles para su ciudad, que hablaba con ellos. Y que consiguió algo tan singular como dar su nombre a una planta, la jovellana, que los chilenos llaman capuchito,  ¡perdón, esta es otra historia!…

Esta lección comienza a finales del s. XV en la Amazonia, se desarrolla en distintos puntos del sudeste asiático, Filipinas y algunas zonas de África, y afecta al mundo en su totalidad. El árbol del caucho o hevea ha cambiado la faz de la tierra, ha influido en su historia, su geopolítica, su economía y su biodiversidad. Para presentar los hitos de esta lección he partido del magnífico libro Alegato por el árbol de Francis Hallé.

 

Son muchos los árboles tropicales que producen un latex lechoso que contiene algún tipo de caucho, pero hevea brasiliensis es el que produce más y el mejor. Los amerindios de la cuenca del Amazonas utilizan el caucho desde tiempos inmemoriales para hacer recipientes, calzado y prendas impermeables. Cristóbal Colón, en su segundo viaje al Nuevo Mundo, se extraña al ver a unos indios jugando con pelotas que pueden rebotar. Hernán Cortés, unos años después, lleva, estas curiosas pelotas, ante el rey Carlos I.

 

Un inglés descubre en el s. XVIII que frotando con caucho un texto escrito a lápiz lo puede borrar: ha descubierto lo goma de borrar. En 1823, un escocés, Charles Macintosh crea el primer impermeable elaborando una mezcla de caucho y bencina. Por esas fechas, en Brasil el rey de Portugal impulsó una industria para fabricar zapatos, bolsas, capas y una especie de pera de enema que denominaron seringa. Desde entonces en Brasil llaman al árbol del caucho pao de seringa y quienes los explotan son conocidos como seringueiros. Pero los productos fabricados por los procedimientos de esta industria tenían el inconveniente de ser muy sensibles a la temperatura, cuando hacía calor se volvían muy pegajosos y cuando hacía frio quebradizos. En 1839 Charles Goodyear obtiene un caucho más plástico por un procedimiento, la vulcanización, que transforma lo que era una simple curiosidad en una materia prima esencial para la industria.  Desde entonces, las aplicaciones se multiplican, las más importantes son las relacionadas con neumáticos de los automóviles. En 1910 el nuevo Ford T multiplica las ventas de automóviles y las necesidades industriales de caucho. Otra trascendente aplicación del proceso de vulcanizacion está relacionado con el control de la natalidad, ya que permitió la fabricación de preservativos más cómodos y eficaces.

 

Como había muchas ganancias a la vista, entran en escena personajes sin escrúpulos dispuestos a hacer fortuna: los barones del caucho. Para conseguir sus objetivos se sobornó a las autoridades políticas, se crearon milicias privadas y se redujo a la esclavitud a las poblaciones amerindias. Se llegó a criar como ganado a los indios. Por ejemplo, Julio Cesar Arana se establece en la cuenca del río Putumayo, se deshace de algunos comerciantes del caucho de la zona, y con un ejercito de criminales crea el pánico secuestrando a las mujeres y los niños para obligar a trabajar sin descanso a los indios huitotos. Las mujeres son obligadas a ejercer la prostitución, a sus hijos los cortan en pedazos para dar de comer a los perros, mientras los trabajadores sufren un trato cada vez más terrible: cacerías humanas, amputaciones, asesinatos como mera distracción. No era necesario alimentar a la población durante los seis meses de inactividad por la estación de las lluvias, la mano de obra era fácilmente sustituible. Aunque todo acaba sabiéndose, Arana ganó siete millones de dólares y nunca fue juzgado ni condenado. Mientras que la población huitoto pasó de 50.000 a menos de 8.000. La explotación del caucho se produjo  a costa de un genocidio. Arana no fue el único oportunista, se despertó una autentica fiebre del caucho que llevó a aventureros que buscaban el nuevo Potosí. Manaos, un modesto pueblo fluvial, situado en la confluencia de los ríos Negro y Solomoes, se convirtió en el centro del mercado mundial del caucho y del ocio de los  barones del caucho.   

 

Los británicos, por su parte, se esfuerzan por librarse del monopolio brasileño sobre el caucho. El director del Jardín botánico de Kew, le encarga a Wickham, un inglés excéntrico que vive en la Amazonia, que se encargue de la recogida de semillas. Aunque solo se consigue que germinen el 4%, las plantas, se trasladan de  Londres al Jardín Botánico de Paradeniya en Ceilan y desde allí se distribuyen por distintos lugares del sudeste asiático. Un joven botánico inglés, Ridley, desarrolló el cultivo industrial y demostró que se podían sangrar árboles jóvenes y que el sangrado diario estimulaba la producción. Las plantaciones asiáticas se desarrollaron a un ritmo acelerado al mismo tiempo que se imponían los neumáticos hinchables en la industria del automóvil.

 

En 1910, una de las empresas más importantes se traslada de Manaos para crear sus propias plantaciones en Sumatra. Era una época favorable para estas operaciones ya que Craner, un botánico de los Países Bajos, había puesto en marcha un importante avance técnico clonando los árboles considerados mejores productores,  las semillas solo debían utilizarse para crear  patrones para injertos. Gracias a estos avances la producción asiática se disparó hasta el punto de que Brasil, a partir de 1940, se convirtió en importador de caucho.

 

En Alemania desde 1914 se investiga  la elaboración de caucho sintético. Estados Unidos también lo hace, pero ninguna solución para reemplazarlo parecía viable siendo tan barato el caucho natural, de forma que decide asegurarse sus propios recursos. En 1926, Liberia se convierte en una plantación de heveas administrada por Estados Unidos. Henry Ford consiguió una concesión de las autoridades brasileñas y creó Fordlandia sin escatimar recursos, creando infraestructuras y plantando heveas. Pero las plantaciones quedaron arrasadas por el hogo microcyclus y tuvieron que abandonar la empresa. A pesar de ello, un biólogo llegó a estudiar la posibilidad de cortar el tronco de un árbol altamente productivo e injertarle una yema procedente de un árbol resistente al hogo. El proyecto se dejó a la espera aunque quedaba abierta la posibilidad de producir caucho en América tropical.

 

La Segunda Guerra Mundial impulsa la producción de cucho sintético. Son importantes los avances en Alemania. Estados Unidos, sin olvidar el cultivo del natural, se concentra en la producción del sintético. El problema es acuciante ya que el 95% del caucho natural procede de las plantaciones asiáticas controladas por Japón. A pesar de todos los intentos, el caucho sintético no es de muy buena calidad y se precisa un porcentaje de natural para su elaboración.

 

En 1968 Michelin lanza un neumático radial que reduce el consumo de gasolina, es más resistente y tiene mejores prestaciones. Pero los costados de este neúmatico tienen que ser de caucho natural. En la década siguiente la producción del sintético se tambalea con la crisis del petróleo, ya que se elabora con sus derivados. En Asia y en África se vuelven a plantar heveas.

 

A principios del siglo XXI, se sigue recogiendo caucho en la selva amazónica. Las plantaciones africanas en Liberia y Costa de Marfil están sometidas a las circunstancias políticas locales. El 92% del caucho procede de Asia. Tailandia ha remplazado a Malasia como primer país productor. Actualmente 60% del caucho empleado en la industria es de origen natural. El problema principal sigue siendo un potencial ataque de microcyclus en Asia. Las esporas del hongo pueden llegar de forma espontanea con los vientos en altura, por alguna torpeza en un enlace aéreo o por mala fe en forma de atentado terrorista. Por esta causa, los responsables establecen plantaciones lejos de la línea ecuatorial donde se desarrolla el hongo. ¿Podría conseguirse una hevea transgénica resistente a este problema? Como los combustibles fósiles, la base del sintético, son cada vez más escasos y más caros, parece que el tiempo corre a favor del caucho natural.

 

 

Es esta una lección de geografía con profundas y múltiples interacciones entre factores naturales y humanos, que se manifiesta en el espacio, con hondas raíces en tiempo y mucho futuro por delante.

Quien convive con los árboles dispone

de poderes, pacta con semidioses

invencibles,

nadie podría usurparle nunca esa heredad.

 

J. M. Caballero Bonald

 

La novela de Richard Powers, El clamor de los bosques, está hecha de árboles. Es ella misma un árbol que intenta contener los bosques de este planeta. Lo es, tanto en los aspectos formales, estructura y organización de los contenidos, como en el diseño e interrelaciones de los personajes. Parece que el autor de esta obra quisiera ser fiel o hacer un homenaje a las lenguas que relacionan la palabra “libro” con los árboles. Juan Villoro en La utilidad del deseo dice que en alemán “letra” quiere decir “rama de haya”. Un libro lleno de letras podemos considerarlo, por lo tanto, un haya, un árbol.  Irene Vallejo nos cuenta que en latin "liber", que significa libro, viene de la palabra que se empleaba para denominar la corteza de árbol. También afirma Villoro que el bosque es el punto de partida de cualquier libro, ya que de de allí es de donde viene la madera con la que se hace el papel, al tiempo que las frondas de los arboles representan un sistema de signos que recuerda la caligrafía, Baudelaire habla del “bosque de signos” para referirse al lenguaje. El  bosque es la cuna de los cuentos y un sitio aislado que favorece la imaginación. Los libros en general, están vinculados a los árboles y los bosques, pero El clamor de los bosques, está tan íntimamente ligado a los reyes del mundo vegetal, que se convierte en su metáfora.

 

La narración está dividida, como un árbol, en cuatro partes: las Raíces que se ramifican en el subsuelo a través de los distintos personajes que se irán encontrando en el Tronco, que luego seguirán su propio camino en la Copa y abrirán un complejo abanico de posibilidades de futuro a través de las Semillas. Raíces,Tronco, Copa y Semillas son los cuatro grandes capítulos de este relato.

 

Cada uno de los nueve personajes principales está unido a un árbol: Nicolas Hoel al castaño, Mimi Ma al moral, Adam Appich al arce, Ray y Doroty Brinkhan al roble y el tilo, Douglas Pavlicek al baniano, Neelay Metha al árbol botella, Patricia Westerford al haya y Olivia Vandergriff al ginkgo.  Ellos y nosotros provenimos del mismo antepasado que los árboles, nos separamos hace solo mil quinientos millones de años  y compartimos una cuarta parte de nuestros genes. Podríamos decir como Fernando Pessoa que el verdor de los árboles es parte de nuestra sangre. Estos personajes, son seres que se pueden convertir en otros como los de Metemorfosis de Ovidio, como si los reabsorbieran, como si fueran la vida salvaje que nunca llegó a extinguirse en su interior. Y como los árboles del bosque no son individuos aislados ni viven acontecimientos separables, son personas,  que sin conocerse, colaboran como los árboles en el subsuelo.

 

Cada uno de estos nueve personajes es un arquetipo de los distintos puntos de vista para analizar la situación de los bosques, para dar respuesta a su clamor. Patricia es la científica independiente que estudia sin prejuicios ni perspectiva economicista los bosques, descubre cómo se comunican los árboles a través del subsuelo y la superficie y crea un Banco de Semillas. Olivia es la líder nata del activismo para la defensa de los árboles. Mimi Ma es una ingeniera frustrada con su trabajo que encontrará la fuerza chamánica de su mirada y recibe la iluminación apoyada en un pino. Nicolas es el artista que se expresa a través de los elementos de la naturaleza en defensa de los árboles. Adam es un psicólogo obsesionado en buscar las razones que explican la inacción de los grupos humanos ante las evidencias y la personalidad de los activistas por los derechos de las plantas. Neelay es un genio de la informática que quiere diseñar en juego definitivo, el que aporte toda la información para crear una nueva realidad.  Douglas es el hombre que sigue siendo un niño que actúa voluntariosamente y se sacrifica. Ray y Doroty son los nuevos Baucis y Filemón ovidianos que desarrollan un activismo a favor de los árboles desde su propio jardín.

 

Los árboles están siempre presentes en las descripciones de lugares y situaciones. Sirven para explicar comportamientos y emociones humanas. Valga como ejemplo este momento en el que Patricia Westerford compara la emoción del amor con la de la raíz de un árbol que se conecta con la de otro y establecen una relación de cooperación: “Ella le agarra la temblorosa mano en la oscuridad. Es una buena sensación, parecida a la que debe sentir una raíz cuando encuentra, después de siglos, otra raíz con la que enlazarse bajo tierra”.

 

El clamor de los bosques es, en suma,  una obra cargada de contenido didáctico, llena de datos e información sobre distintas especies de árboles y un buen manual de de educación ambiental. El mundo no está hecho para sernos útil ¿De qué le servimos nosotros a los árboles? “Recuerda las palabras de Buda: un árbol es algo asombroso que cobija, alimenta y protege a todos los seres vivos. Ofrece incluso sombra a los leñadores que lo destruyen”. Así termina uno de los libros de Patricia y esta reseña con permiso de Richard Powers.

 

Solo algo más, hagámonos una pregunta y pasemos a la acción: “¿La mejor época para plantar un árbol? Hace veinte años. Y la segunda mejor época, ahora”. Plantar árboles para convivir con ellos y disponer de poderes.

Comentarios

27.04 | 03:33

Hola, siento decirte que este majestuoso ejemplar de Samán fue derribado por seguridad el año 2018, según indica un periódico de Hawaii:
https://www.hawaiinewsnow.com/story/37637866/city-to-remove-iconic-monkeypod-tree-in-manoa/

...
21.02 | 12:51

Mi tia siempre nos decía al viajar en coche antes nuestras protestas y cansancios d "tranquilas" queda poco, estamos llegando a Penjamo. Era una niña ...

...
27.12 | 02:42

¡Exquisito jardin!

Gracias por compartir

...
27.12 | 02:40

¡Exquisito jardin!
Gracias por compartir el lado amable de la vida

...
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