Memoria del jardín

Vino de moras

Para Liliana con mucho cariño

                                    A finales de agosto, después de mucha lluvía y mucho sol,

                          Durante toda una semana, las moras maduraban.

                          Al principio sólo una, un cuajarón brillante y púrpura

                          Entre las demás, rojas, verdes, duras como un nudo.

                          Te comías aquélla y su carne era dulce

                           Como vino espesado: sangre de verano había en ella

                                                                                                                                           Seamus Heaney

Ahora en esta parte del Atlántico están las moras, el fruto brillante y oscuro de la zarzamora, en sazón.  Ayer las vi brillar al sol, esplendidas, cuando paseaba por esas caleyas rodeadas de sebes que están tan cerca de las carreteras y de las calles de nuestras ciudades. No pude resistirme, llené mis bolsillos con este tesoro mientras imaginaba hacer vino de moras. Al placer de caminar en una tarde luminosa, llena de sol y fresca, se unió el inesperado placer de recolectar y soñar.

Elaborar este licor oscuro es un reto, supone superar una frustación infantil. Cuantas veces, con otros niños y niñas, participé en la organización de expediciones para buscar las moras y llenar con ellas cualquier bote o botella, luego machacarlas con un palo, para después beber aquel brebaje oscuro que manchaba muestras bocas, la cara entera, y la ropa delatando una azaña que aseguraba un castigo, castigo doble: por mancharnos y por tomar un producto con tan pocas garantías sanitarias.

Esta vez, me dije, voy a hacer vino de moras con delicadeza, de forma cuidadosa para degustarlo plácidamente y sin miedo a reprimendas, sin esconderme. Trituré las moras, añadí melón para aportar agua y suavizar el sabor, por último lo colé. El resultado fue magnífico, pero, para ser un placer adulto, necesitaba algo más. Por eso añadí unas gotas de tequila y una ramita de menta. Lo tomé escuchando a Chavela Vargas cantando Noche de bodas (de Sabina) en una copa de vino. Los tonos violáceos brillando en el cristal producían destellos al ritmo de los deseos de Chavela. Me reservo contar la compañía que hizo más completo y pleno el placer de degustar este vino de moras con aroma de tequila y menta. Pero quiero proclamar a los cuatro vientos y a los océanos que los placeres más grandes son gratuitos. Solo hay que tomarlos.

 

Escribir un nuevo comentario: (Haz clic aquí)

123miweb.es
Caracteres restantes: 160
Aceptar Enviando...
Ver todos los comentarios

Comentarios

27.04 | 03:33

Hola, siento decirte que este majestuoso ejemplar de Samán fue derribado por seguridad el año 2018, según indica un periódico de Hawaii:
https://www.hawaiinewsnow.com/story/37637866/city-to-remove-iconic-monkeypod-tree-in-manoa/

...
21.02 | 12:51

Mi tia siempre nos decía al viajar en coche antes nuestras protestas y cansancios d "tranquilas" queda poco, estamos llegando a Penjamo. Era una niña ...

...
27.12 | 02:42

¡Exquisito jardin!

Gracias por compartir

...
27.12 | 02:40

¡Exquisito jardin!
Gracias por compartir el lado amable de la vida

...
¡Hola!
Prueba y crea tu propia página web,
es fácil y gratis.
ANUNCIO