Memoria del jardín

Pasado, presente, futuro e ilusión

Quiero hablar ahora de ciencia (ficción), de identidad, amor, de espiritualidad, de eso tan difícil de explicar, que nos hace humanos. Y lo quiero hacer al ritmo de los pensamientos  que han brotado de dos lecturas: La invención de Morel de Adolfo Bioy Casares y de Quizá nos lleve el viento al infinito de Gonzalo Torrente Ballester. Son dos libros publicados hace bastante tiempo por dos escritores de nuestra lengua que están muertos, a los que admiro y deseo contribuir, en la medida de mis posibilidades, a tener en el recuerdo.

Estos dos escritores anticiparon una reflexión que más parece de nuestros tiempos que de los suyos. Intuyen  como se configuran unos nuevos tiempos en los que las experiencias  virtuales  puede ser tan importantes, en cuanto que vivencias, que las  reales. A partir de esa sospecha o intuición se hacen muchas preguntas   sobre la identidad individual  y colectiva, sobre la espiritualidad y el amor como posible  esencia de lo humano… Preguntas, que la trama  novelesca, llena de acción y aventura, pone en cuestión. Tanto en una novela como en otra, la ciencia es capaz de crear seres o de “grabar” partes de la realidad que tienen un peso más importante, en la balanza de los sentimientos humanos, que los hechos indiscutiblemente reales y que las relaciones con las personas convencionales. La vida virtual es tan potente que hace nacer y crecer dos grandes historias de amor que transcienden la realidad. Este tema está vinculado con la tradición artística, con del mito de Pigmalión, el artista que se enamora de Galatea, de su creación. En nuestra naturaleza está la ambición de acercarnos como hacedores a la divinidad. ¿Acaso las obras humanas no pueden ser tan admirables como las divinas?

Las dos novelas están contadas en forma de diario o memorias en la que dos hombres de acción nos cuentan su historia de amor truncada por la realidad, con la esperanza de que se pueda recuperar en el futuro o el más allá. Bioy Casares termina así su novela: “Al hombre que, basándose en este informe, invente una máquina capaz de reunir las presencias disgregadas, haré una suplica: búsquenos a Faustine y  a mi, hágame entrar en el cielo de la conciencia de Faustine, será un acto piadoso". Torrente Ballester termina con estas palabras la suya:  “Lo que pienso es que, ese día, en esa cima de la roca, derramaré las cenizas de Irina y me trasmudaré en vilano, porque nada hay más sutil en que pueda cambiarme. Lo haré un atardecer, cuando el aire se mueva. Si escojo bien el instante, quizá nos lleve el viento al infinito”. Gonzalo y Adolfo, desde el pasado, nos hablan de nuestro presente poniendo la ilusión en el futuro.

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Comentarios

27.04 | 03:33

Hola, siento decirte que este majestuoso ejemplar de Samán fue derribado por seguridad el año 2018, según indica un periódico de Hawaii:
https://www.hawaiinewsnow.com/story/37637866/city-to-remove-iconic-monkeypod-tree-in-manoa/

...
21.02 | 12:51

Mi tia siempre nos decía al viajar en coche antes nuestras protestas y cansancios d "tranquilas" queda poco, estamos llegando a Penjamo. Era una niña ...

...
27.12 | 02:42

¡Exquisito jardin!

Gracias por compartir

...
27.12 | 02:40

¡Exquisito jardin!
Gracias por compartir el lado amable de la vida

...
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