Memoria del jardín

Gustave Moreau, Salomé

Cuando Huysmans, en las postrimerías del siglo XIX, describe la Salomé de Moreau,  enumera cada detalle del escenario arquitectónico, la situación del mobiliario, el ambiente lleno de olores y perfumes embriagadores, el sonido de la guitarra, la postura hierática y la mirada lasciva de Herodes, para pasar a mostrar los pasos del baile de Salomé: “los senos le ondean y, al contacto con los collares agitados, sus puntas se yerguen; en la piel húmeda de sudor  los diamantes se pegan con todo su brillo; los brazaletes, cintos y anillos escupen centellas…”. Va más allá del cuadro presentando a una diosa de la belleza,  la lujuria y de la perdición. Da un salto, desde la joven bailarina que llena de deseo y gozo a un rey con la torsión de sus caderas,  a la divinidad simbólica que maneja perversamente los actos de los hombres. Construye,  de este modo la biblia del decadentismo e inspira a otros artistas que ven la materialización de su relato en la pintura de Moreau. Este amante del arte completa la obra del pintor e influye en la visión del observador que sigue reconstruyendo en su mente la escena sugerida.

 

La Salomé pintada por Moreau en distintas  versiones, en distintos decorados y épocas multiplica su poder de seducción a través de la palabra escrita: armada con la coraza de belleza y libidinosidad de las palabras se convierte en un ser satánico. El espejo de Huysmans es más sugerente que la pintura de Moreau. El poder de la palabra se reafirma si tenemos en cuenta que una de las lecturas favoritas del pintor es  Salambó de Flaubert.

 

Oscar Wilde escribió un relato sobre la Salomé bíblica inspirado por los distintos cuadros de Moreau. El también la imagina con el cuerpo desnudo y sudoroso,  cubierto de joyas bailando ante el monarca.  La concibe, más como una fuerza divina de la perversidad, que como una mujer caprichosa, lujuriosa y cruel.   Cuando escribe, no mira el cuadro, se fija en el espejo y en sus oídos están los ecos del relato de Huysmans. La Salomé de Wilde se publica con ilustraciones de Beardsley que opone el poder de la línea  a los excesos decorativos de Moreau.

 

Con esta sinfonía de sonidos y ecos, de realizaciones y espejos, se  consigue añadir al sentido moral del episodio bíblico, una actitud misógina que condena y teme la sexualidad de las mujeres. Por eso identifican la seducción femenina, de esa fuerza de la naturaleza engrandecida por la cultura, con la  perversidad de Salomé.

 

Las palabras de Huysmans y la pintura  tuvieron en mi juventud, cuando estudiaba las vanguardias artísticas, poder de seducción, pero su efecto fue el contrario: el sexo es una fuente de placer para mujeres y hombres. En mi caso, y también en el de mis amigos, pasaron a integrarse dentro de una madeja con muchos hilos de colores y materiales diversos que permitía  tejer, con las agujas de la naturaleza y la imaginación, una prenda de placer y dicha. Esa prenda, y no las joyas sobre la piel sudorosa, es la que me gustaría vestir, muchos días, en el jardín.

Samuel Armas crea jardines con tinta verde

La tinta verde crea jardines, selvas, prados

follajes donde cantan las letras,

palabras que son árboles,

frases que son verdes constelaciones

Octavio Paz

 

Con tinta verde se crean los jardines y el mío no es una excepción. Entre las ramas verdes brillan con más luz  las palabras que se juntan formando flores de los colores de arco iris, flores grandes y pequeñas, aisladas y formando ramilletes. Por eso el verde es el color primordial, imprescindible y fundamental de los jardineros enamorados de los libros.

 

El verde es mi color favorito. Calderón de la Barca dijo que es el color principal del mundo y de eso surge su hermosura, pero está lleno de significados, es polisémico y contradictorio. En distintos lugares y en distintos momentos ha estado asociado a una simbología muy variada, su valor como color está ligado al tiempo y al espacio.

 

Michel Pastoureau, historiador de los colores, en Los colores de nuestros sueños, afirma que el verde hasta el siglo XVIII es el color del desorden, de la trasgresión, de todo lo que va en contra de las reglas y de los sistemas establecidos. Más tarde, cuando se imponen las teorías de Newton, los colores comienzan a formar pareja, el  verde se empareja con el rojo, y como este indica prohibición, el verde evoluciona desde la rebeldía, poco a poco, hacia la identificación con libertad.

 

Durante la Edad Media en el color de los medicamentos, ya que la mayor parte de los remedios para la salud provienen del mundo vegetal, pero el verde es también el color del diablo (tengamos en cuenta que satán se asocia con los reptiles, los seres más verdes del mundo animal).

 

Es el color del destino: de la fortuna y del infortunio, de la suerte y de la  mala suerte, de la esperanza y de la desesperanza. Los escenarios de los torneos medievales, los campos de los duelos, los tapetes de las mesas de juego, los estadios de futbol, rugby y tenis, así como  las mesas de ping-pong y billar, son verdes. El azar, el juego y la fatalidad se presentan sobre alfombra verde.

 

La mala suerte del verde no solo está relacionada con los juegos, tiene que ver con las dificultades técnicas para conseguir un verde brillante y duradero en las prendas de vestir y en la pintura. Los tintoreros usaban colorantes vegetales que daban lugar a verdes pálidos, grisáceos y sosos. Para disponer de un verde vivo y luminoso en el siglo XVII se comenzó a usar el verdete, pigmento toxico que usan los pintores, compuesto de vinagre o ácido sobre láminas de cobre. En el siglo XIX se sustituye el vinagre por arsénico aportando más toxicidad al pigmento.

 

El color verde se convirtió en el color la burguesía del s. XV y XVI,  el   color distintivo de quienes de disponían de dinero para pagar los elevados precios de los procesos de teñido de verdes luminosos y saludables. La mujer que posa con su marido en El matrimonio Arnolfini de Jan Van Eyck no va vestida de verde por casualidad, sino para demostrar que la pareja dispone de dinero y encarna un estilo  de vida distinto al de los nobles. Ni  debe ser tampoco una casualidad, que el Caballero del Verde Gabán que aparece en el Quijote como representante  a una clase social intermedia entre la alta nobleza y los hidalgos, con valores más acordes con los nuevos tiempos, sea caracterizado por Cervantes, precisamente, por el color verde de su gabán.

 

En la obra de teatro de Tirso de Molina, Don Gil de las calzas verdes, este color juega un papel protagonista ligado a la trasgresión y la valentía de las mujeres. Si tenemos en cuenta que es un color que le gusta a Calderón de la Barca y como lo usa Cervantes, podríamos decir que el verde es el color del Siglo de Oro. Eso sí, haciendo uso de la sinécdoque, figura poética que consiste en tomar la parte por el todo, algo que es muy habitual en el mundo de los colores.

 

Hasta ahora hemos mirado los significados del verde en Europa, pero en China se considera el color de la fertilidad y la regeneración. En Japón es el color de la vida eterna, la juventud y la frescura. Para el Islam es el color de Mahoma.

 

Ahora el verde ha entrado en política y es sinónimo de interés por la calidad del medio ambiente y es el color más utilizado para ilustrar el gusto por los productos y la vida saludable.

 

Este año 2017, que está terminando, es verde, en concreto greenery, según la asignación que realiza Pantone, el sistema más reconocido de identificación, comparación y comunicación del color. Este color, según la directora ejecutiva de Pantone, se corresponde con nuestros anhelos de revitalizar y unir, conectándonos con la naturaleza y con nosotros mismos. ¿Ha respondido 2017 a los deseos depositados en el significado simbólico de ese tono de verde?  Desde el punto de vista personal pueden ser muy variadas las respuestas, pero me temo que considerado globalmente, ha quedado solo en un conjunto de palabras bonitas que, si acaso,  han tenido alguna influencia en el mundo de la moda, la decoración y el diseño gráfico.

 

Dice un refrán que quien se viste de verde por guapo se tiene, yo me visto con la tinta verde diluyéndome en mi jardín. El verde es un color polisémico y lleno de significados, que evoluciona, que está vinculado a la técnica, que habla de las posibilidades del destino. El verde es el color de mi jardín, la tinta verde lo dibuja y lo escribe. Es el color que mejor me sienta cuando me paro a  ver pasar las nubes, a mirar las flores a leer o a escribir. 

 

Imagina que llegas a un parque, que quieres sentarte a contemplar la belleza que te circunda. Lo más probable es que elijas tu rincón favorito y desees estar en soledad para disfrutar plenamente. Pero un día en tu banco se encuentra otra persona, a pesar de la decepción que eso te produce, te sientas, das los buenos días o las buenas tardes y te muestras amable. Estas dando un paso crucial para que surja la comunicación y se abran las puertas de posibilidades imprevistas. Eso le pasa a German, un obrero bastante zafio e ignorante, en Mis tardes con Margaritte (2010), conoce a Margaritte en el parque, una mujer vieja y culta que le descubre el mundo que se esconde detrás de las palabras y de las tapas de los libros, cambiando su vida. Este es el argumento de la película dirigida por Jean Bekcer y de la novela original  de Marie-Sabine Roger.

 

La conversación tiene el poder revolucionario, puede cambiar el mundo, dándole la vuelta como a un guante, lo transforma poco a poco a un ritmo sosegado,  al mismo con que brotan  las palabras de nuestros labios cuando salen del corazón.

 

Otra película de Jean Becker, Conversaciones con mi jardinero, anterior en el tiempo, es de 2007, desarrolla esa misma idea. Dos amigos de la infancia se encuentran en la madurez. Uno de ellos es un pintor que vuelve a su pueblo natal desde París, el otro es un ferroviario retirado que trabaja como jardinero. Sus mundos son contrapuestos y ambos intentaran mostrarle al otro su perspectiva vital en el jardín, tomando una copa de vino, el pintor, y comiendo unos arenques, el jardinero.

 

Un nuevo amigo para una mujer vieja, en el parque, o el encuentro de dos viejos amigos de la infancia, en el jardín, pueden hacer nacer o renacer una amistad de la que salten chispas.

 

Me viene a la mente otra película de este tipo, Intocable (2011), también francesa, de  Olivier Nakache. En esta el escenario es un palacete en París, con un jardín tan cuidado como un parque, pero aquí los suntuosos interiores son más importantes que en las otras dos, el jardín está en las salas del palacio. Un aristócrata tetrapléjico y su cuidador, un joven inmigrante de un barrio marginal, establecen una amistad y un vínculo extraordinario entre dos personas tan opuestas.

 

Las flores de la amistad nacen de la conversación entre personas distintas incluso cuando hace frío. Viendo películas como estas sentirás alegría y te llegará el aroma perfumado de las palabras.

 

Comentarios

27.04 | 03:33

Hola, siento decirte que este majestuoso ejemplar de Samán fue derribado por seguridad el año 2018, según indica un periódico de Hawaii:
https://www.hawaiinewsnow.com/story/37637866/city-to-remove-iconic-monkeypod-tree-in-manoa/

...
21.02 | 12:51

Mi tia siempre nos decía al viajar en coche antes nuestras protestas y cansancios d "tranquilas" queda poco, estamos llegando a Penjamo. Era una niña ...

...
27.12 | 02:42

¡Exquisito jardin!

Gracias por compartir

...
27.12 | 02:40

¡Exquisito jardin!
Gracias por compartir el lado amable de la vida

...
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