Jardín de libros

Mi primer libro

"Un día me dijo que lo he leído más de cien veces pero que no tiene mérito porque sólo lo tengo a él. Eso a mí me molesta un poco porque no tiene en cuenta mi fidelidad y el esfuerzo que siempre he hecho en entender hasta las palabras que no conozco. Podría haberlo dejado abandonado, como mi madre el balde, o haberme aburrido de él y sin embargo, hasta que tuve vista suficiente, leía por los menos diez páginas todas las noches, a veces más. Y ahora que no puedo leer, lo sigo acariciando siempre que lo reconozco. Y dejo que me cuente sus historias".

 

Los ojos cerrados

Edurne Portela

 

Los libros, en primer lugar, son objetos, objetos preciosos y valorados como buenos compañeros de vida. Empecé a pensar en esto después de leer en Los ojos cerrados de Edurne Portela la relación de amistad que Pedro, el protagonista, tiene con un libro que ya no puede leer, pero que ha leído mientras pudo muchas de veces. Un libro, su único libro, que lo ha acompañado desde la infancia a la vejez y sigue contándole historias a través del tacto, como un amigo fiel consciente de su deber en tiempos adversos.

 

En mi casa, cuando era niña, no había libros. En realidad, había uno que cuando llegó a mis manos estaba mellado, le faltaban hojas y estaba sin portada. Pero ese libro era un objeto muy apreciado por la familia, que mi padre leía y releía y que tenía una historia, digna de los grandes libros que dejan huella en la vida de las personas. ¿Cuento lo que recuerdo de ella?

 

Comenzaré diciendo que era un libro de historia de España. Mi padre miraba este libro con deseo en el escaparate de una librería de Melilla, resignado y convencido de que nunca sería suyo, durante sus escasas horas de ocio cuando hacía el largo Servicio Militar de cuatro años, el primero después de la Guerra Civil. Una tarde de esas en que se paraba a mirarlo desde el otro lado de la vidriera, el soldado que lo acompañaba advirtió la admiración y el vinculo que sentía con aquel objeto. Aquel compañero sabía que carecía de recursos para comprárselo, sabía que no tenía dinero ni para lo más elemental, que sufría muchas privaciones, que lo poco que conseguía se los enviaba a sus padres para que sus hermanos pasaran menos hambre. Eran tiempos muy duros para muchos españoles, sobre todo para los que no disponían más que de sus brazos para trabajar. Aquel compañero de la mili, también era consciente de que le debía favores a aquel joven soldado que le guardaba en su taquilla los paquetes que recibía. Mi madre, la verdadera narradora de este relato, decía que este soldado era de una familia de tratantes de Lorca que eran ricos. Siento no recordar su apellido o el sobrenombre por el que eran conocidos. Podemos ponerles uno, por ejemplo, los Tonos. Este soldado, El Tono, guardaba en la taquilla de mi padre, los paquetes que le enviaba su familia para preservarlos del hambre y la codicia de los demás compañeros de remplazo.

 

Nadie iba a pensar que en la taquilla de Crisanto -creo que ha llegado el momento de ponerle nombre a mi padre- había algo deseable, todos sabían que no tenía nada digno de ser robado. El Tono pensó lo mismo y por eso le pidió que le guardase sus paquetes. También pensó que quizás podría compensar a Crisanto por sus favores. Para ello le hizo una tarde preguntas: porqué quería pasar por aquella calle y qué miraba en ese escaparate. Y se aseguró de que estaba prendado de aquel libro de historia. Por eso y porque tenía dinero para hacerlo, un día lo compró y se lo regaló.

 

Desde entonces, aquel libro, acompañó a mi padre. Lo trajo consigo desde su pueblo natal cuando tuvo que buscar trabajo muy lejos de casa para sobrevivir. Lo leía en los momentos de descanso. Le gustaba la historia, en realidad eran variadas las disciplinas para las que tenía, tanto actitudes como aptitudes. Podría haber sido un buen profesional en muchas áreas distintas de actividad. La aritmética era fácil para él, hacía cálculos de sus horas de trabajo, de jornales, de gastos y previsiones económicas para el futuro. Lo recuerdo con un lápiz en la mano echando cuentas. Vale, el protagonista, en este momento es el libro, no es mi padre.

 

Mi hermano primero y yo después, observábamos el libro con ojos tan golositos como el gato de la pastora haciendo los quesitos. En cuanto podíamos, al primer descuido de nuestros padres, nos apropiábamos de él. Cuando todavía no sabíamos leer, mirábamos las ilustraciones en blanco y negro e imaginábamos historias, pintábamos garabatos y se nos iban rompiendo las esquinas de las páginas. Así, fue deteriorándose y llegó a perder la portada y algunas hojas.

 

Incluso cuando teníamos nuestros propios libros escolares, aquel libro primigenio y deteriorado seguía teniendo un encanto especial para nosotros. Con el paso de los años quedó olvidado en una maleta que mi madre tenía encima del armario y en la que cada año lo iban acompañando los libros de texto del curso escolar que terminaba para dejar espacio a los nuevos. Me costaba deshacerme de los libros y por eso los guardaba en la maleta con aquel primer libro de historia. Nos faltaban estantes para colocar los libros, pero no nos podíamos resignar a perderlos.

 

Aquel primer libro que comenzó siendo un juguete siempre nos contó historias. Nos abrió el apetito de poseer otros objetos que, como él, fueran alimentando nuestra sed de vida y de conocimientos. Nos hizo desear llenar las paredes de estanterías para dejar reposando en ellas muchos libros y poder volver a leerlos y acariciarlos una y otra vez. Le debo a aquel primer libro, más juguete que otra cosa, mi adicción lectora. Ese libro me animó a comprar, leer, disfrutar y decorar mis paredes con muchos más.

Escribir un nuevo comentario: (Haz clic aquí)

123miweb.es
Caracteres restantes: 160
Aceptar Enviando...
Ver todos los comentarios

Comentarios

27.04 | 03:33

Hola, siento decirte que este majestuoso ejemplar de Samán fue derribado por seguridad el año 2018, según indica un periódico de Hawaii:
https://www.hawaiinewsnow.com/story/37637866/city-to-remove-iconic-monkeypod-tree-in-manoa/

...
21.02 | 12:51

Mi tia siempre nos decía al viajar en coche antes nuestras protestas y cansancios d "tranquilas" queda poco, estamos llegando a Penjamo. Era una niña ...

...
27.12 | 02:42

¡Exquisito jardin!

Gracias por compartir

...
27.12 | 02:40

¡Exquisito jardin!
Gracias por compartir el lado amable de la vida

...
¡Hola!
Prueba y crea tu propia página web,
es fácil y gratis.
ANUNCIO