Jardín de libros

De libros, pasado y gafas

"Un nonbre leido antaño en un libro contiene entre sus sílabas el viento rápido y el sol brillante que hacía cuando lo leíamos."

Marcel Poust

 

 "Los libros son espejos: solo se ve en ellos lo que uno ya lleva dentro"

Carlos Ruíz Zafón

 

Me gustan los libros, me gustan especialmente los que tienen la propiedad de reflejar partes de mí, los que muestran entre las palabras y las líneas pistas que remiten a mis vivencias, preocupaciones, obsesiones o pensamientos. Los libros que parece que hablan solo para  mí y se quedan conmigo cuando termino de leer.

 

En busca del tiempo perdido de Proust comienza de esta manera:“Mucho tiempo he estado acostándome temprano (…) Y media hora después despertábame la idea de que ya era hora de ir a buscar el sueño; quería dejar el libro, que se me figuraba tener aún entre las manos, y apagar de un soplo la luz; durante mi sueño no había dejado de reflexionar sobre lo leído, pero era muy particular el tono que tomaban esas reflexiones, porque me parecía que yo pasaba a convertirme en el tema de la obra…”  El protagonista de esta obra,  sigue durante el desarrollo de la novela, cuestionandose el papel de la literatura y del arte en general y planteando directamente la cuestión literaria, tanto desde la perspectiva de la escritura como de la lectura, para terminar preguntándose si tendrá tiempo para escribir la obra en la que ahondar en las personas, esos gigantes sumergidos en los años.

 

Proust en un ensayo titulado Sobre la lectura (escrito para contrastar su opinión con la de Ruskin cuando afirma que la lectura es para el lector como mantener una entrevista personal con las grandes personalidades de la ciencia y la cultura)  insiste en que los libros más que dar respuestas deben despertar deseos “haciéndonos contemplar las belleza suprema a la cual el último esfuerzo de su arte le ha permitido llegar”. Y aquí enlazamos con la esencia de En busca del tiempo perdido, con el poder de fascinación de las obras que despiertan el deseo de visitar lugares, que no serían tan hermosos sin el referente literario,  y vivir experiencias que perderían valor si no se han visto desde la perspectiva de la imaginación y el arte. A esto debemos añadir que la lectura, y las experiencias artísticas, permiten constatar la fuerza de la diversidad de las experiencias, ya que “no es un universo el que se despliega cada mañana, son millones de universos, tantos como pupilas e inteligencias humanas”.

 

De la misma forma Proust, o su personaje, considera que como escritor debe recobrar los momentos del pasado para convertirse, a través de la escritura, en un ser atemporal que compara momentos -como aquel en que saborea la magdalena mojada en la taza de té o aquel otro cuando descubre a Gilberta junto al espino rosa - para  prescindir del futuro, y por lo tanto, de la muerte. Ya que la médula de las cosas está en vivirlas a través de la experiencia literaria: “si un ruido, un olor, ya olvidado o respirado antes, se oye o se respira de nuevo, a la vez en el presente y en el pasado reales, sin ser actuales, ideales sin ser abstractos, enseguida se encuentra la esencia permanente y hábilmente oculta de las cosas”. El escritor pone en el presente el pasado buscando el alma de sus vivencias en el acto de escribir, mientras que el lector redescubre su pasado y se mira a sí mismo en el acto de leer. Se cuestiona la limitación de la mera descripción realista de la realidad, se apela a buscar en el interior, a sacar de la oscuridad lo que parecía olvidado, porque solo lo que hemos tenido que descifrar es nuestro.

 

De esta forma, la obra del escritor es un instrumento óptico que permite al lector mirarse a sí mismo. Los  libros nos sirven para observar partes de nuestra personalidad y de nuestras experiencias con más o menos claridad. Como lectores tratamos de buscar y de encontrar aquellos con los que nos vemos con más claridad. Los libros son como los cristales de las gafas, los que más me gustan a mí no son siempre los que les sirven a otras personas para mirarse a sí mismas. Y como no podemos graduar los libros como graduamos las lentes de nuestras nuestras gafas, averiguamos a tientas los que nos sirven para leernos mejor. A veces encontramos alguno como este de Proust para, leyendo, buscar nuestro tiempo perdido. Y para ir recolectando a ritmo lento entre sus páginas pintores, cuadros, músicos y música, edificios e iglesias del pasado, playas, ciudades, árboles,  flores y alegria. Quiero terminar con esta cita de Manuel Vilas:

 

"Un libro puede recordarte que existe la belleza. Un libro puede recordarte que ser libre es posible. Un libro puede hacer que te enamores de ti mismo. Hay que buscar el libro que resuelva tu vida. Yo llevo buscando ese libro años y años. Por eso sigo leyendo, a la búsqueda del gran tesoro que en unas páginas claras, sencillas y breves haga resonar en mi alma la campana de la alegría. Buscamos la alegría en los libros. Yo la busco."  

 

No encuentro la manera de decirlo mejor, solo quiero repetir que me gustan los libros, que me alegran la vida.

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Comentarios

27.04 | 03:33

Hola, siento decirte que este majestuoso ejemplar de Samán fue derribado por seguridad el año 2018, según indica un periódico de Hawaii:
https://www.hawaiinewsnow.com/story/37637866/city-to-remove-iconic-monkeypod-tree-in-manoa/

...
21.02 | 12:51

Mi tia siempre nos decía al viajar en coche antes nuestras protestas y cansancios d "tranquilas" queda poco, estamos llegando a Penjamo. Era una niña ...

...
27.12 | 02:42

¡Exquisito jardin!

Gracias por compartir

...
27.12 | 02:40

¡Exquisito jardin!
Gracias por compartir el lado amable de la vida

...
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