Jardín de libros

Libros, paisajes, insectos y azar

 

“Unas páginas de fray Luis de Granada o del otro fray Luis, hacen como si fueran un fulminante, que las cosas adquieran de pronto una profunda significación que antes no tenían. Hacen que las cosas sean cosas. Porque la luz de lo infinito es luz que resplandece maravillosamente sobre todas las cosas”

Azorín

 

He encontrado un escritor y amante de los libros con el que me siento identificada profundamente, y francamente, no lo esperaba. La ignorancia es caprichosa y obstinada, se resiste a salir de su cómodo rincón para explorar alrededor, perdiendo, con esta actitud la posibilidad de hallar tesoros escondidos tras los tópicos, los malos entendidos, los prejuicios políticos, las opiniones ajenas y la pereza.

 

Resulta que Azorín, un escritor casi olvidado, con una resonancia demasiado escolar, se ha revelado como un escritor grandioso. Con la aparente sencillez de su prosa, expresa con suma precisión la realidad circundante. Es un mago que toma en sus manos las palabras como si fueran una barita mágica y crea relatos, pequeños en extensión, de aparente sencillez, pero grandes, enormes, bellos, coloridos. Textos que despiertan la emoción amotinada ante tanta grisura.  José Martínez Ruíz ha sido, durante demasiado tiempo para mí, esa asignatura pendiente que cuando se emprende el camino para superarla, pensando que quizás no nos lleve a ningún destino memorable, nos pone ante una inesperada sorpresa. Nos traslada a un lugar lleno de luz, sonoridad, vegetación y… libros, muchos libros. ¿Acaso no estamos hablando de un jardín?

 

 Si, Azorín nos traslada a un jardín desde el que contemplar los paisajes que describe: los de Monóvar, los de Yecla, los de Madrid, los de París. Los que se suceden desde la ventanilla de un tren con un libro entre las manos cuya lectura se alterna con la contemplación de lo inesperado en movimiento.

 

A un jardín con árboles, con hierbas, flores y hortalizas con sus afinidades electivas. Le gusta observar las plantas y compararlas con los humanos. Hay plantas buenas y malas, que viven por sus propios medios o que explotan a otras, las que prefieren las cumbres de las montañas a los huertos y las que desde los parajes agrestes nos seducen y pasan a los jardines, pero puede que no se sientan allí a gusto y necesiten la compañía de plantas alegres y animosas que les quiten la triste añoranza. Cada planta tiene su carácter, por ejemplo: “la borraja es alegre, quien la coma puede estar seguro de tener ánimo divertido. En cambio la berenjena trae cogitaciones malignas (…) los hortelanos, para quitarle algo de sus intenciones aviesas, plantan  junto a ellas albahacas y tomillos, estas yerbas, como son bondadosas e inocentes, acaban por amansar un poco a las berenjenas”. Tienen su carácter y sus afinidades, la higuera es amiga de la ruda, el ciprés de la avena, para Azorín las plantas son como nosotros, muestran su carácter y sus afinidades electivas como los personajes de la obra de Goethe.

 

A un jardín con plantas e insectos. Con abejas, hormigas, arañas, coleópteros, orugas, cochinillas…, que Azorín considera comparables a los humanos: ¿Qué pensará este insecto? ¿Cómo será la representación que tenga del mundo?(…) si yo pudiera ponerme en comunicación con él, ¿cuánto me diría que no me dice Platón en sus Diálogos, ni Montaigne, ni Schopenhauer!”, mirar con detenimiento el suelo es como si “se hubiese asomado al umbrío huerto donde Epicuro discurría con sus discípulos” 

 

A un jardín que se ve desde la biblioteca repleta de libros con anotaciones y reunidos al azar, de este y ese tema, que responden al espíritu andariego de su dueño. Libros que no excluyen la vida. Pensando en los niños, Azorín opina que a los libros se debe llegar después de muchos paseos por el campo. “Tendremos que ir cogiendo las hierbecitas de los ribazos y levantando las piedras para ver que insectos hay debajo de ella. Las plantas, algunas con sus florecitas, son diversas y crecen en diversos sitios; insectos no faltarán tampoco (…) cuando hayamos estado en contacto bienhechor con las cosas, estaremos preparados leer los libros, es decir, para ver las cosas no en la Naturaleza, sino en las páginas de los libros; no en la realidad, sino en la trasposición de la realidad que hacen los artistas”. Primero la Naturaleza y luego los libros, pero conscientes de que “las cosas no son más que las cosas. Les hace falta para vivir, tener ambiente espiritual (…) la atmósfera espiritual de las cosas la dan los pensamientos que los libros hacen nacer en nosotros”.

 

Este viaje, que me resistía a emprender, hacia la escritura de Azorín, hace que las cosas sean cosas. Consigue, este escritor, convertirse en un referente de mis lecturas y de mi sensibilidad de la misma forma que fray Luis de Granada lo fue para él. Esta experiencia se la debo a la recomendación del amigo que desde muy lejos seguía susurrándome al oído que no olvidara que en mi jardín debía estar Azorín. ¡Gracias amigo, nos vemos en el infinito!

 

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Comentarios

27.04 | 03:33

Hola, siento decirte que este majestuoso ejemplar de Samán fue derribado por seguridad el año 2018, según indica un periódico de Hawaii:
https://www.hawaiinewsnow.com/story/37637866/city-to-remove-iconic-monkeypod-tree-in-manoa/

...
21.02 | 12:51

Mi tia siempre nos decía al viajar en coche antes nuestras protestas y cansancios d "tranquilas" queda poco, estamos llegando a Penjamo. Era una niña ...

...
27.12 | 02:42

¡Exquisito jardin!

Gracias por compartir

...
27.12 | 02:40

¡Exquisito jardin!
Gracias por compartir el lado amable de la vida

...
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