Jardín de libros

El sueño de la historia

Santiago de Chile es hoy una de las ciudades más grandes de América del Sur con más de 5 millones de habitantes (más de 7 millones su región metropolitana). Su origen data de 1541 como la capital de nueva Extremadura, tras la conquista de Pedro de Valdivia. Desde entonces se van entretejiendo las vidas y las emociones de las gentes que la habitaron con los avatares y los hechos políticos, así como con la construcción física del paisaje: el medio natural, las calles y los edificios. 

A finales del s. XVIII se configura la imagen de la ciudad. Uno los principales artífices de esa imagen es al arquitecto Joaquín Toesca y Ricci, uno de los dos personajes centrales de El sueño de la Historia de Jorge Edwards. En esta obra, El Narrador, el otro personaje central, desde finales del siglo XX, reconstruye la vida en Santiago del arquitecto e ingeniero militar, nacido en Italia y discípulo de Sabatini, arquitecto al que Carlos III encargó dignificar la imagen de Madrid. Es, por tanto, una novela contada en dos tiempos, los últimos años del s. XVIII en los que se llevan a cabo las obras de Toesca en Santiago, y los últimos años de la dictadura de Pinochet cuando el Narrador vuelve a su ciudad desde el exilio y encuentra los manuscritos y los documentos de un profesor fallecido que investigó, durante toda su vida, la historia de la capital chilena. Dos tiempos y dos protagonistas, que Jorge Edwards maneja como autentico narrador, moviendo un juego de espejos, buscando y registrando los reflejos de dos siglos con puntos en común, sin olvidar ni postergar la parte sentimental, los amores y los desamores, los conflictos y los pleitos originados por los sentimientos y condicionados por los prejuicios y los imperativos sociales y la política de las dos épocas.

Por eso esta novela, ha traído a mi mente Real Sitio de José Luis Sampedro, que cuenta dos momentos de la historia de España marcados por el cambio, el final del reinado de Carlos IV y la agonía de la monarquía de Alfonso XIII, que confluyen en un mismo lugar: el Real Sitio de Aranjuez. Ambas obras tienen en común el intento de recrear las postrimerías del siglo de las luces, ese siglo, que con todas sus contradicciones, sus ideas y sus horrores, tanto me fascina y al que viajo, siempre que encuentro la oportunidad, a través de los libros, que son vehículo de los sueños que navegan en el mar de los tiempos.

Toesca viaja desde el viejo mundo con el libro de Vitruvio Bajo el brazo y con Berromini y Piranesi, sus dos artistas más admirados, como inspiración. Amaba al Berrromini por encima de todas las cosas, se quedaba con boca abierta frente a las líneas ondulantes del edificio de la Propaganda de la Fe. A Piranesi, el dibujante y grabador lo admiraba porque se había evadido en la estética de las ruinas, de los espacios imaginarios, de los caprichos y las construcciones inventadas. Llega a Santiago en 1780 con el encargo de terminar la Catedral (que sufrió los efectos de varios terremotos desde su inicio en el s. XVI). Consigue que el gobernador le pida que se ocupe de construir la Real Casa de la Moneda, también construirá los tajamares para afrontar las avenidas del río Mapocho y muchas obras más. Pero muere en 1799, con el siglo y solo 47 años, sin terminar muchas de las construcciones que no se concluyeron como él deseaba, por ejemplo la fachada de la catedral, adornada con guirnaldas neoclásicas y angelitos de Berromini, sería afrentada, infamada con toda clase de torreones y pegotes híbridos. Tampoco consigue que se levante otra Moneda más pequeña en el segundo patio, proponiendo la noción de un espacio abierto hacia el sur del mundo, en cierto modo infinito, o capaz de transmitir, al menos, una vaga noción de lo infinito. En cambio, las grandes trabazones de ladrillos de los viejos tamajares resistirían durante años y décadas los embates del Mapocho en sus crecidas invernales,…pero nadie se cuidará de llevar a término  el proyecto de un paseo con estatuas, con monolitos, con miradores, en la ribera sur y rumbo a los Andes. Entre los logros del arquitecto se debe contar, además, la formación de un grupo de jóvenes arquitectos que seguirán configurando el paisaje urbano de la ciudad.

La imagen que hoy tenemos de Santiago, de sus espacios emblemáticos, se debe a Toesca y a sus discípulos. El Sueño de la Historia de Edwards nos permite conocer como se comenzaron a forjar edificios, plazas y paseos para escenario de una población escasa en número y abundante en tribulaciones, entre muchas sombras, al final del siglo de las luces.

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Comentarios

27.04 | 03:33

Hola, siento decirte que este majestuoso ejemplar de Samán fue derribado por seguridad el año 2018, según indica un periódico de Hawaii:
https://www.hawaiinewsnow.com/story/37637866/city-to-remove-iconic-monkeypod-tree-in-manoa/

...
21.02 | 12:51

Mi tia siempre nos decía al viajar en coche antes nuestras protestas y cansancios d "tranquilas" queda poco, estamos llegando a Penjamo. Era una niña ...

...
27.12 | 02:42

¡Exquisito jardin!

Gracias por compartir

...
27.12 | 02:40

¡Exquisito jardin!
Gracias por compartir el lado amable de la vida

...
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