Desde el jardín

Ciudad encima de una roca, obra atribuida a Goya. Parece que Torrente Ballester se inspiró en esta obra para imaginar la levitación de Castroforte del Baralla

 

 

“Hasta ahora había una silla vacía a la derecha de Cervantes, que acaba de ser ocupada por Gonzalo Torrente Ballester, que ha escrito La saga/fuga de J. B.”

 

José Saramago

 

Después de terminar de leer, en realidad de releer, una obra tan monumental como La saga/fuga de J. B. de Gonzalo Torrente Ballester (1910-1999), resulta muy difícil emprender otra lectura. Pocas obras literarias te envuelven en un universo de fantasía donde conviven, con total naturalidad, el realismo, los mitos, la magia, el humor, el surrealismo y el sarcasmo. Un mundo en el que te embulles como en un delirio o estado febril personal y vuelas hasta Castroforte del Baralla, la capital de una quinta provincia gallega escondida por la burocracia centralista mediante la kafkiana “sección de dispersos centralizados” y enfrentada a lo largo de los siglos con Villasanta de La Estrella.

 

Los héroes defensores de la identidad cultural de esta ciudad son una saga de personajes que comparten las iniciales J. B. y que tienen que enfrentarse, desde la Edad Media, con una serie de antagonistas que pretenden someterla. Villasanta no puede permitir que Castroforte, con su Santo Cuerpo, le arrebate el monopolio de las peregrinaciones ni los beneficios de la explotación de las pesquerías de lampreas del río Mendo. José Bastida narra la saga a la vez que la vive como el último eslabón de la misma y se fuga. Es el autor-narrador de los mitos identitarios de la ciudad que habita y lo cuenta a través de una compleja red de planos y niveles narrativos.

 

El primer plano puede ser el referido al pasado histórico que arranca de la fundación de Catroforte como colonia griega que se engarza con la saga a través del culto a Diana y la explotación de las lampreas. La saga, propiamente dicha, comienza con el obispo Jerónimo Bermúdez, seguidor de la corriente priscilianista declarada herética, pasa a Jacobo Balseyro perseguido por la inquisición, sigue con el almirante John Ballanynes y un episodio de la Guerra de la Independencia, y con el Vate Joaquín Barrantes que se sitúa entre los que reivindican el cantonalismo republicano. Cuatro tiempos separados por siglos que convierten la Historia en mito. El segundo plano sería el presente de la ciudad con varios posibles J.B. antagónicos entre sí: Jesualdo Bendaña, Jacinto Barallobre y el propio José Bastida. Un presente en el que discurre la costumbrista y la realista vida cotidiana. Y un tercer plano varado en la mente de José Bastida que construye, narra y vive su vida y la de los demás J. B., los pasados y los presentes.

 

La obra se organiza en tres capítulos y una coda que responden a estos tres tiempos, pero, además, comienza con un Incipit que no encaja en este esquema, que complica los tres planos e introduce una nueva mirada, desde fuera, ajena a la narración de nuestro protagonista.

 

José Bastida se desdobla en varios heterónimos o hipóstasis, sus variantes nacionales (Bastid, Bastideira, Bastide y Bastidoff), en los cuatro distintos J.B. históricos y en los otros J. B. contemporáneos. Conforme avanza la narración los distintos planos se mezclan, así como los siete J.B., que se manifiestan en nuestro narrador. Los hechos que suceden en de distintos momentos se presentan de forma simultánea, lo que produce una temporalidad anacrónica y subjetiva. Por si esto fuera poco, se juega con la alternancia de versiones no coincidentes que pueden presentarse en columnas paralelas. El resultado es un mundo complejo y delirante, pero también fascinante.

 

El humor envuelve toda la narración: cualquier cuestión se puede presentar de forma sarcásticamente sorprendente o con guiños humorísticos. Se parodian los procedimientos de las ciencias experimentales, de las matemáticas, los procedimientos de la gramática, de la lingüística, la filosofía,  las prácticas del periodismo, de la política y de la religión Y si a esto unimos elementos surrealistas como la ciudad que flota en los días de niebla, el tren ensimismado que levita, los animales reales con atributos fabulosos (lampreas, loros, estorninos), la recurrente aparición de Benito Valenzuela, godo activo y eficaz, que arrastra por la ciudad una maleta o un carrito cargados con objetos singulares; se crea una dimensión carnavalesca en la que todo es posible y no queda títere con cabeza.

 

En 1972, una novela como esta fue recibida con sorpresa, tanto por la crítica, como por los medios académicos e institucionales. Todos destacan su estirpe cervantina y la multiplicidad de niveles de lectura de la obra. Algunos, los más conservadores, la alagan por romper la trayectoria de la novela social. Los que se alinean con las nuevas corrientes críticas (marxista, psicoanalítica, o estructural) destacan su carácter rupturista y su confluencia con la narrativa hispanoamericana. Torrente Ballester consigue con esta obra ocupar un lugar destacado en los manuales de literatura del sistema educativo como uno de los grandes escritores de mediados del siglo XX, publicar lo que había escrito con anterioridad y nuevas obras. Recibe reconocimientos y premios como el Príncipe de Asturias (1982) y el Cervantes (1985).

 

A lo largo de mi vida de lectora pocas obras me han impactado tanto como esta. Lo que me ha dado La saga/fuga de J. B. lo he encontrado fragmentado en otras muchas obras fascinantes, pero pocas, muy pocas, ofrecen tanto en una sola historia. Supongo que por eso mismo José Saramago, maestro constructor de mundos imaginarios, situó a Gonzalo Torrente Ballester a la derecha de Cervantes en el Parnaso literario.

 

Alarga el brazo, la mano, como reconociéndolos, como si quisiera tocar el aire que hay entre los tres, como si quisiera atravesar la frontera entre el público y los actores, entre la vida y el teatro.”

 

Hamnet es una obra de ficción inspirada en la breve vida de un niño que muere en 1596, según nos cuenta Maggi O´Farrell en la nota de la autora al final de la novela. Para contar esta corta vida recurre a los datos históricos que se conocen del hijo de Shakespeare y de su familia, cambia algunos detalles y construye una narración que coloca en primer plano la vida doméstica, utilizando como foco narrativo la figura de la madre del niño y esposa del genio de la literatura. El escritor queda en segundo plano, entre las sombras o, como apunta Marta Sanz al comentar la obra en Babelia, en esta narración lo vemos en pantuflas.

 

La madre de Hamnet se llama Agnes, está ligada a la naturaleza y al bosque del que extrae plantas para convertirlas en remedios para curar dolencias del cuerpo y del alma. En torno a esta mujer, O´Farrell despliega todo un caudal de fantasía para convertirla en el centro de la familia. Crea un cuento, con todos sus ingredientes tradicionales, para contar la genealogía de la niña que vive con su hermanito en el linde del bosque y que cuando muere la madre es despreciada por su madrastra. Agnes es hija de una mujer misteriosa surgida del bosque, con costumbres que no son las convencionales en la época y que le transmite su manera peculiar de ver el mundo, sus saberes y la fuerza del amor propio.

 

Consigue de esta forma dar un giro a los enfoques más habituales para las obras de ficción basadas en las biografías de personajes importantes de la historia. Aquí son la cocina, la alcoba, el huerto y el bosque los espacios que le roban protagonismo a las calles de Londres, los caminos y el teatro. Y se indaga en la vida de las personas que rodean al genio y en la importancia de las mismas para sus actividades artísticas. Es como una metáfora de todo el trabajo y la tramoya que permiten la representación de una obra de teatro. Los que están detrás y la mujer singular que está al frente, dirigiendo la familia. Maggi O´Farrell consigue dar un giro de 180º a la historia, poniendo el foco en los aspectos fundamentales de la vida, en las mujeres que, aunque no se suelen ver, o, mejor dicho, no se suelen mirar, están ahí y son fundamentales. Pone el objetivo en su presencia y pone en evidencia las diferencias de género, por ejemplo, la educación del niño que va a la escuela y estudia latín y su hermana gemela que se tiene que quedar en casa y a la que él va ensañándole a leer.

 

La novela aborda asuntos transcendentes en la vida como el azar y el destino, el papel de las premoniciones, todo ello en relación a la omnipresencia de la muerte que está siempre al acecho. La enfermedad de Hamnet a causa de la peste se cuenta siguiendo el largo viaje de una pulga a lomos de mono, distintas personas, gatos, ratas, caballos, trapos, hasta llegar Stratford y pasar a Judith la hermana gemela de Hamnet. Es un detallado relato del efecto mariposa.

 

El eje argumental gira en torno a la conexión entre la ficción y la realidad. Entre el teatro y la vida. La escritura como bálsamo para buscar el consuelo construyendo una obra de teatro, Hamlet, en la que es el padre el que muere y así remplaza al hijo ante la muerte. El escritor da vida a Hamlet para salvar a su Hamnet. Estos dos nombres son formas intercambiables de un mismo nombre.  

 

Toda la realidad se trastoca cuando mueren los seres amados a pesar de que la vida siga discurriendo obstinadamente. Hay distintas formas de afrontar la pérdida de un ser querido. William, pudo haberlo intentando con la escritura, en concreto con Hamlet. Agnes, anclada en la tristeza y el dolor, lo hará siguiendo con su oficio de curandera y luchando con el vacio que la inunda por la ausencia de cartas de su marido.

 

Esta Agnes me ha hecho recordar a la Hélène de Hierba mora de Teresa Moure. Se dedica al mismo oficio que Agnes, unos años después, amará durante toda su vida a Descartes del que tuvo una hija que murió de niña. Es una mujer fuerte e independiente que conoce los secretos de la naturaleza y se dedica, además de a la curación, a escribir para que no queden en el olvido sus conocimientos. Hemnet y Hierba mora son dos lecturas que se disfrutan el doble leídas a la par. Como dice Hélène en una de sus cartas, las palabras pueden curar tanto o mejor que las medicinas:

 

Que escribir cartas es agasajar con palabras y las palabras, si están bien escogidas y el alma en su justa sazón, pueden curar mejor que las hierbas mágicas, que parece que las palabras prolongan el placer como los afrodisiacos y atenúan el dolor como los analgésicos”

 

Las palabras que espera Agnes en una carta y las que escribe su marido para crear una obra de teatro. Las palabras escritas nos salvan la vida. Las palabras pueden crean quimeras para sobrevivir, para quien escribe son curativas y lo son para quien las lee o se las leen. Las palabras de obras como estas son balsamicas.

 

 

 

“Madrid es como una gran biblioteca, cada calle un anaquel, cada casa un libro, y en cada libro unas cuantas historias”

Andrés Trapiello

 

Las bibliotecas y las ciudades tienen muchos puntos en común. Cuando se mira el estante de una biblioteca con libros de distinta altura y grosor, con variados colores y lomos más o menos ornamentados, parece que se está observando el frente de una calle con sus desiguales edificios. Andrés Trapiello ha sugerido en uno de los capítulos de su libro dedicado a Madrid, la posibilidad de convertir la biblioteca en una metáfora de Madrid. Pero la biblioteca transciende de una ciudad concreta, es una metáfora urbana con muchas posibilidades didácticas.

 

Unos edificios son altos y modernos, otros anchos, algunos antiguos y ornamentados, los hay ajados y relucientes. Y las bibliotecas, como las poblaciones, pueden ser grandes o pequeñas, amplias o constreñidas, diversificadas o especializadas, selectas o populares. Pero cada una de ellas es distinta y obedece a los gustos y posibilidades de sus hacedores y al tiempo en que se han ido formando. Cada biblioteca y cada ciudad tienen muchas historias que contar.

 

Las bibliotecas, además de sus valores estéticos y ornamentales, tienen dos funciones intrínsecas y consustanciales: la invitación a la lectura y la degustación de los contenidos de los libros que las forman. Una biblioteca sin lectura carece de valor, es solo un conjunto de cajas vacías alineadas en un anaquel o un polvoriento depósito de papel. Las ciudades como las bibliotecas tienen que ser leídas y degustadas, encierran en cada edificio historias para enriquecer la vida de sus habitantes y atraer a visitantes que los quieren contemplar y leer.

 

No podemos olvidar un edificio de la misma forma que olvidamos un volumen entre los demás libros de una desorganizada biblioteca. Cada edificio está relacionado con los demás y con el resto de los elementos urbanos. La morfología urbana está viva, es el resultado de las características de la edificación y de las distintas formas de ordenación urbana a lo largo del tiempo histórico. Como dice Trapiello de Madrid, las ciudades son “libros vivos”. Hablan con nosotros, aunque no queramos o no sepamos escuchar. Permanecen durante generaciones condicionando la vida cotidiana de sus habitantes, embellecen sus días o se los amargan. Son hospitalarias y familiares.  Son tristes y hostiles.

 

Los autores de los libros de una biblioteca pueden ser más o menos geniales. Sus obras pueden ser, singulares o publicaciones sin mayor interés, solo una moda momentánea.  De la misma forma, los edificios de una ciudad pueden ser el fruto de un arquitecto notable que deja su sello personal y el de su época o el producto efímero de las exigencias del mercado y la especulación. Los edificios como los libros pueden ser selectos, tener una cuidada edición, ser obras de bolsillo, ejemplares sucios y ajados, obras descabaladas y, algunas veces, joyas arquitectónicas o bibliográficas.

 

El tiempo es un factor fundamental en bibliotecas y en las ciudades. El paso de los años va tejiendo su carácter. La concepción urbanística de cada época actúa como un bibliotecario que cuida o descuida la gestión de los fondos y la ordenación de la biblioteca: “los grandes urbanistas han acabado siendo para Madrid sus providenciales bibliotecarios, encargados de ordenarlo y hacerlo crecer racionalmente y restaurarlo, llegado el caso” nos dice Trapiello. No todos los urbanistas son grandes (ni los bibliotecarios), pero todos los procesos urbanísticos que impulsan, dejan sus huellas:   las murallas que impiden el crecimiento fuera de su cerco congestionando y hacen insalubres sus interiores, los planes de ensanche que pretenden ordenar racionalmente el crecimiento urbano, los barrios inspirados en los principios higienistas de la ciudad jardín, los planes de reforma interior, la rehabilitación de edificios antiguos en los centros históricos, la construcción de edificios nuevos después de derribar los anteriores, los planes de movilidad,  los tan en boga procesos de gentrificación de ciertos barrios reorientados a la función cultural y turística olvidándose de su antiguo vecindario. Estos procesos, históricos unos y actuales otros, configuran, todos ellos y algunos más, la ciudad presente.

 

Una ciudad no solo es forma. Todos estos procesos tienen contenidos y lecturas sociales, suponen dar protagonismo a las clases adineradas olvidando a las clases socioeconómicamente más desfavorecidas que son expulsadas a los barrios de las periferias sin equipamientos de calidad y con dificultades de movilidad. De la misma forma que los libros tienen contenidos diversos y se pueden y deben hacer lecturas críticas de los mismos, el urbanismo debe ser leído con una perspectiva documentada y crítica.

 

Por otra parte, los edificios nuevos, como los libros más comerciales nos pueden parecer feos o carentes de personalidad. Pero tengamos presente que a veces, con el paso del tiempo, se ponen bonitos como supo ver la hija de Carmen Martín Gaite cuando sus padres calificaban de horrorosamente feo el palacio de Comunicaciones de Cibeles. Todo acaba poniéndose bonito si no se destruye antes.

 

Las bibliotecas no pueden estar abarrotadas de libros, ni las ciudades llenas de edificios. Tiene que haber aire, aire limpio para respirar. Plantas en las bibliotecas con las ventanas abiertas desde las que se vean plazas y parques llenos de árboles. Como dijo Cicerón: “si tienes una biblioteca con jardín, lo tienes todo”.  Calles para caminar bajo la sombra de la floresta y zonas verdes para pararnos a leer en un banco. No podemos consentir que los coches sigan siendo “para las ciudades lo que la polilla para los libros” como afirma Andrés Trapiello.

 

Aprendamos a leer nuestra ciudad y las ciudades que visitamos. A leer ciudades se aprende leyendo y saboreando esas lecturas. A leer las ciudades se aprende mirándolas con interés y leyendo lo que otras personas escribieron y escriben de ella. Por ejemplo, para entender Madrid hay que leer a Galdós porque “el suyo es un Madrid que salta a la vista”. Cada ciudad hay que mirarla en la calle y buscarla en las bibliotecas.

“…nada era real, excepto el azar”

Paul Auster

La trilogía de Nueva York

 

Decido leer, después de días de espera en la estantería, la última novela de Leonardo Padura Como polvo en el viento y encuentro, antes de empezar el primer capítulo, esta cita de Paul Auster. Esa frase tan corta, me lleva a 4321, la novela de este escritor, que se quedó dando vueltas dentro de mi cabeza desde hace más de dos años buscando su momento de ganar protagonismo. El azar, ese componente incontrolable de la vida, se lo ha dado precisamente ahora. A 4321 le ha llegado la oportunidad de volver a ocupar un lugar central en mi vida durante, al menos, el tiempo en que llevo al papel algunas de las inquietudes que me despertó su lectura.

 

¿Cuántas veces has pensado que tu vida podía ser diametralmente distinta si hubieras tomado otra decisión en un momento concreto o si los condicionantes externos hubieran sido otros? En mi caso esa pregunta se va convirtiendo en una constante directamente proporcional a los años que cumplo. A la vez que entre mis dedos se escurre el tiempo como arena que no puedo retener, me voy cuestionando el pasado, algo que parece inamovible, pero que reinterpreto una y otra vez, y va cambiando de esencia. Lo que parecían logros se tiñen de dudas, descubro los errores que no cometí y los aciertos que se descomponen en fracasos. Si  alguna certeza tengo, es que el tiempo pasó y sigue pasando. Que no estuve a la altura de las oportunidades, que caí en muchas trampas y que no estoy hecha para este mundo. A pesar de todo me bebí y bebo con deleite los pequeños placeres como leer, pasear y cultivar este jardín. Y, en mi mente voy cambiando mi historia, porque la miro con la perspectiva que la montaña de los años me va otorgado, la miro desde arriba y la transformo. Como Auster puedo escribir 1, 2, 3, 4, e incluso más versiones de mi vida. Lo único seguro es el azar y mi predisposición a los pequeños placeres. Sin olvidar, como advierte Fernando Aramburu que "infinito es el número de bifurcaciones, pero a la postre el trayecto es solo uno" , no hay vuelta de hoja, el pasado se puede revivir y reinterpretar, pero no se puede cambiar ni volver a vivir.

 

De las cuatro versiones de la vida de Archie Ferguson, el protagonista de la novela de Paul Auster, solo una tiene continuidad en la vida adulta, las otras tres se truncan en la juventud. Las cuatro están diluidas en la epopeya de la identidad estadounidense. Unos abuelos emigrantes, las miserias y los logros de sus vidas. Los avatares políticos, las guerras (Segunda Guerra Mundial, Corea y Vietnam), las revueltas por los derechos civiles de los negros y las estudiantiles de la década de los sesenta del siglo pasado. Las decisiones económicas de los padres y sus disputas sentimentales.  La vida en los barrios residenciales de la periferia de Nueva York, en el centro de esa gran ciudad o en las ciudades satélites de su área de influencia. Y las cuatro están marcadas por el talento precoz de un niño para escribir y la trayectoria de su formación intelectual.

 

Todo esto se cuenta a través de capítulos cronológicos con las cuatro versiones de cada momento de la vida de joven Ferguson.  Uno después de otro, con un primer número que indica cada una de las versiones y un segundo número referido al momento cronológico. Algún crítico ha dicho que las coincidencias de las cuatro versiones funcionan como una caja de resonancia, de forma que en el cerebro del lector se mezclan situaciones, ecos y tramas.

 

4321 se puede leer en la forma que presenta la publicación,  siguiendo el orden cronológico. Pero también se puede hacer saltando el orden temporal y eligiendo el de cada una de esas cuatro personas que se va componiendo con los acontecimientos, con la adición de distintas circunstancias. Por eso, después de seguir, como parece lógico, el orden impuesto por la disposición de las páginas, se debe hacer otra lectura dedicada a cada uno de los cuatro personajes. Desde Rayuela de Cortazar no había estado ante una narración que hubiera que realizar en dos direcciones.

 

Pero estas no son las dos únicas lecturas, 4321 es una novela poliédrica. La formación del joven futuro escritor nos lleva a repasar la historia de la literatura, de la pintura, del  cine y de la música. Parándonos en hitos fundamentales para Paul Auster como Montaigne y Cervantes, Chardín, el cine mudo y el jazz por citar algunos ejemplos. Me recuerda un tiempo en que al compás de los cambios de soporte que imponían los avances tecnológicos, mi amor de entonces y yo, íbamos gravando las películas y la música que nos gustaba para preservarla, en un afán que superaba el puro coleccionismo. Nos reíamos pensando que parecía que estábamos condensando  la cultura de nuestra civilización para enviarla al espacio con nuestro hijo como los padres de Superman ante la destrucción inevitable del planeta. Paul Auster en esta novela, también parece que quiere lanzar a Ferguson al espacio con toda su herencia  cultural.

 

Cuando quiero empezar una lectura, en este caso Como polvo en el viento de Padura, pueden pasar muchas cosas. Puedo, por ejemplo, quedarme prendida en una cita, hipnotizada por una palabra, como me pasó con “azar" y emprender un viaje al centro de mi misma, pasando por otra novela, como 4321 de Paul Auster  que estaba ahí esperando su oportunidad y gritando, que tiene mucho que contarme todavía. Y aquí sigo, poseída por el azar, pensando y pensando desde mi jardín.

Comentarios

27.04 | 03:33

Hola, siento decirte que este majestuoso ejemplar de Samán fue derribado por seguridad el año 2018, según indica un periódico de Hawaii:
https://www.hawaiinewsnow.com/story/37637866/city-to-remove-iconic-monkeypod-tree-in-manoa/

...
21.02 | 12:51

Mi tia siempre nos decía al viajar en coche antes nuestras protestas y cansancios d "tranquilas" queda poco, estamos llegando a Penjamo. Era una niña ...

...
27.12 | 02:42

¡Exquisito jardin!

Gracias por compartir

...
27.12 | 02:40

¡Exquisito jardin!
Gracias por compartir el lado amable de la vida

...
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