El jardin casi perfecto

LA PUERTA DEL JARDIN, Raoul Dufy

LA PUERTA DEL JARDÍN

Desde esta puerta, entreabierta, te recibo en mi jardín. Encontrarás árboles, flores, libros, musica y otras cosas para enfocar la parte más amable de la vida. Si te gusta, abre del todo la puerta y entra. 

 

¡Visita JARDINES Y JARDINEROS!

 

Con oleo verde, Samuel Armas construye jardines

Tinta verde

La tinta verde crea jardines, selvas, prados

follajes donde cantan las letras,

palabras que son árboles,

frases que son verdes constelaciones

Octavio Paz

 

Con tinta verde se crean los jardines y el mío no es una excepción. Entre las ramas verdes brillan con más luz  las palabras que se juntan formando flores de los colores de arco iris, flores grandes y pequeñas, aisladas y formando ramilletes. Por eso el verde es el color primordial, imprescindible y fundamental de los jardineros enamorados de los libros.

El verde es mi color favorito. Calderón de la Barca dijo que es el color principal del mundo y de eso surge su hermosura, pero está lleno de significados, es polisémico y contradictorio. En distintos lugares y en distintos momentos ha estado asociado a una simbología muy variada, su valor como color está ligado al tiempo y al espacio.

Michel Pastoureau, historiador de los colores, en Los colores de nuestros sueños, afirma que el verde hasta el siglo XVIII es el color del desorden, de la trasgresión, de todo lo que va en contra de las reglas y de los sistemas establecidos. Más tarde, cuando se imponen las teorías de Newton, los colores comienzan a formar pareja, el  verde se empareja con el rojo, y como este indica prohibición, evoluciona desde la rebeldía, poco a poco, hacia la identificación con libertad.

Durante la Edad Media en el color de los medicamentos, ya que la mayor parte de los remedios para la salud provienen del mundo vegetal, pero el verde es también el color del diablo (tengamos en cuenta que se asocia a satán con los reptiles que son los seres más verdes del mundo animal).

Es el color del destino: de la fortuna y del infortunio, de la suerte y de la  mala suerte, de la esperanza y de la desesperanza. Los escenarios de los torneos medievales, los campos de los duelos, los tapetes de las mesas de juego, los estadios de futbol, rugby y tenis, así como  las mesas de ping-pong y billar, son verdes. El azar, el juego y la fatalidad se presentan sobre alfombra verde

La mala suerte del verde no solo está relacionada con los juegos, tiene que ver con las dificultades técnicas para conseguir un verde brillante y duradero en las prendas de vestir y en la pintura. Los tintoreros usaban colorantes vegetales que daban lugar a verdes pálidos, grisáceos y sosos. Para disponer de un verde vivo y luminoso en el siglo XVII se comenzó a usar el verdete, pigmento toxico que usan los pintores, compuesto de vinagre o ácido sobre láminas de cobre. En el siglo XIX se sustituye el vinagre por arsénico aportando más toxicidad al pigmento.

El color verde se convirtió en el color la burguesía del s. XV y XVI,  el   color distintivo de quienes de disponían de dinero para pagar los elevados precios de los procesos de teñido de verdes luminosos y saludables. La mujer que posa con su marido en El matrimonio Arnolfini de Jan Van Eyck no va vestida de verde por casualidad, sino  para demostrar que la pareja dispone de dinero y encarna un estilo  de vida distinto al de los nobles. Ni  debe ser tampoco una casualidad, que el Caballero del Verde Gabán que aparece en el Quijote como representante  a una clase social intermedia entre la alta nobleza y los hidalgos, con valores más acordes con los nuevos tiempos, sea caracterizado por Cervantes, precisamente, por el color verde de su gabán.

En la obra de teatro de Tirso de Molina, Don Gil de las calzas verdes, este color juega un papel protagonista ligado a la trasgresión y la valentía de las mujeres. Si tenemos en cuenta que es un color que le gusta a Calderón de la Barca y como lo usa Cervantes, podríamos decir que el verde es el color del Siglo de Oro. Eso sí, haciendo uso de la sinécdoque, figura poética que consiste en tomar la parte por el todo, algo que es muy habitual en el mundo de los colores.

Hasta ahora hemos mirado los significados del verde en Europa, pero en China se considera el color de la fertilidad y la regeneración. En Japón es el color de la vida eterna, la juventud y la frescura. Para el Islam es el color de Mahoma.

Ahora el verde ha entrado en política y es sinónimo de interés por la calidad del medio ambiente y es el color más utilizado para ilustrar el gusto por los productos y la vida saludable.

Este año 2017, que está terminando, es verde, en concreto greenery, según la asignación que realiza Pantone, el sistema más reconocido de identificación, comparación y comunicación del color. Este color, según la directora ejecutiva de Pantone, se corresponde con nuestros anhelos de revitalizar y unir, conectándonos con la naturaleza y con nosotros mismos. ¿Ha respondido 2017 a los deseos depositados en el significado simbólico de ese tono de verde?  Desde el punto de vista personal pueden ser muy variadas las respuestas, pero me temo que considerado globalmente, ha quedado solo en un conjunto de palabras bonitas que, si acaso,  han tenido alguna influencia en el mundo de la moda, la decoración y el diseño gráfico.

Dice un refrán que quien se viste de verde por guapo se tiene, yo me visto con la tinta verde diluyéndome en mi jardín. El verde es un color polisémico y lleno de significados, que evoluciona, que está vinculado a la técnica, que habla de las posibilidades del destino. El verde es el color de mi jardín, la tinta verde lo dibuja y lo escribe. Es el color que mejor me sienta cuando me paro a  ver pasar las nubes, a mirar las flores a leer o a escribir. 

El Señor de la Montaña

 

“Quiero que la muerte me encuentre plantando mis coles, pero despreocupado de ella, y aún más de mi inacabado jardín”

                                            Michel Eyquem de Montaigne

                        

La primera visita a la torre del Señor de la Montaña, Montaigne, la hice con Tzvetan Todorov (que por cierto murió hace algo más de un mes) con su libro, El jardín imperfecto, entre mis manos. La segunda visita la hice en compañía de Jorge Edwards y su obra La Muerte de Montaigne.

Ya en la primera visita quede prendada del filosofo y pensador del s. XVI que se mostraba como percusor del pensamiento de la Ilustración,  gran conocedor del género humano considerado, tanto en su faceta privada e individual, como en sus manifestaciones públicas y sociales. Así como el referente del humanismo inspirador de una perspectiva política para los tiempos actuales, superando el antagonismo entre capitalismo y comunismo que protagonizó el s. XX y como disyuntiva a los populismos excluyentes que se presentan en el umbral del s. XXI. Desde entonces El Jardín Imperfecto de Todorov, inspirado en el pensamiento de Montaigne,  goza de un puesto destacado en mi biblioteca y no olvido estas palabras: “Dios no nos debe nada, ni la Providencia, ni la Naturaleza. La felicidad humana está siempre en suspenso. Podemos sin embargo preferir, antes que cualquier otro reino, el jardín imperfecto de hombre, no como un remedio para salir del paso, sino porque es el que nos permite vivir de verdad”.  Jardín imperfecto desde el punto de vista personal e individual y, también, desde el punto de vista social. La perfección no existe, es solo una constante aspiración.

La muerte de Montaigne de Jorge Edwards es una obra de difícil encasillamiento por su forma. Es un ensayo y es una novela en la que los aspectos históricos son importantes y que quiere rendir tributo a la manera de escribir de Montaigne, su protagonista. Edwards relaciona al Señor de la Montaña con Miguel de Cervantes y con François Rebelais, presentando a los tres escritores como padres de la literatura moderna y como lúcidos maestros interpretando composiciones llenas humor y de ironía. Me recuerda a Kundera en Testimonios traicionados cuando analiza la literatura dentro del contexto del arte y considera a Cervantes y a Rebalais, con El Quijote y Gargantua y Pantagruel, los precursores de la novela moderna por su sentido del humor, por su la libertad compositiva y por su capacidad para aproximar los elementos intrascendentes con la reflexión filosófica.

Repito: humor, libertad compositiva y capacidad para aproximar elementos intranscendentes con la reflexión más sesuda. Estas son las cualidades de los textos de Cervantes y Rebalais, pero lo son, además, de los escritos del Señor de la Montaña. Jorge Edwards incluye en este grupo fundador de la literatura moderna europea a Montaigne, convirtiendo el dúo en trío y ampliando el horizonte literario con la introducción del género ensayístico. Y hace esto rebatiendo a Michelet, historiador del s. XIX, que le sirve de contrapunto a lo largo de su obra para contar la vida de Montaigne y que, además,  no sentía simpatía por la moderación de la acción y pensamiento de Montaigne a pesar de su influencia en dos monarcas franceses: Enrique III y en Enrique IV.   

Para Jorge Edwards “Montaigne y Rebelais, o la síntesis de ambos, inspiraron, quizá, desde lejos, desde la libertad razonable, burlona, ya de risa carnavalesca, la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano”. Por otra parte, en esta fabulación incluye un personaje femenino, Marie de Gournay, admiradora y posible amante de Montaigne, como figura necesaria para terminar de configurar, desde las postrimerías del s. XVI, el pensamiento de la Ilustración. Maríe estudiará el pensamiento del Señor de la Montaña como punto de partida de una perspectiva  que anticipa el feminismo.

Los ensayos de Montaigne nos recuerdan que la empresa para disfrutar de la vida y construir un mundo mejor ha empezado hace mucho tiempo y no puede detenerse a pesar de vivir malos tiempos, los suyos estuvieron llenos de guerras de religión. A veces sentimos nuestra vida y la historia como una carga, nos vemos como Sísifo cargando la piedra que siempre vuelve a caer, pero no es una maldición, es simplemente la condición humana que no conoce ni lo definitivo ni lo perfecto. Vivamos con alegría en este jardín imperfecto.  Libros como estos alientan a continuar. 

Lecturas, relecturas y conversación

HAROLD METZKES, Femmes savantes, 2001

 

“Que otros se jacten de los libros que les ha sido dado escribir; yo me jacto de aquellos que me fue dado leer, dije alguna vez. No sé si soy un buen escritor, creo ser un excelente lector o, en todo caso, un sensible y agradecido lector.”

Borges

 

Me siento plenamente identificada con esta afirmación de Borges, excluyendo, claro está, la aspiración al mérito como escritora. Estoy orgullosa de mi carácter de lectora y agradezco la labor de tantos escritores que me permite disfrutar de la pasión por leer y vivir infinitas vidas desde la estrechez de una sola.

Dice Fernando Aramburu que un texto redactado con voluntad literaria constituye un acto de comunicación con aditivos. La comunicación, la interacción, entre quien escribe y quien lee es imprescindible, es la condición necesaria de la escritura.  Los aditivos serían los recursos estilísticos elegidos para comunicar. La comunicación es la parte fundamental de la literatura. Incluso las obras ricas en pensamientos complejos, datos y hondura humana fruto del esfuerzo de un escritor durante años, buscan ser entendidos, y también, reconocidos para que su trabajo les de comer.

Este escritor, en Las letra entornadas, compara la literatura con la cocina. El autor cocina creando platos sabrosos y nutritivos utilizando como recursos el conocimiento de la técnica, su imaginación y su saber hacer. El lector se alimenta y degusta. Pero si el cocinero no supo dar el punto al plato, habrá fallado. Y si, a pesar de conseguir una maravilla culinaria, el comensal no tiene la sensibilidad para apreciarlo, algo no funciona. La literatura surge cuando es posible la conexión entre las dos partes de la ecuación. Hacen falta autores con talento y lectores avezados.

Todo esto supone, desde la perspectiva del lector, emplear una buena dosis de dedicación y paciencia. Hay que afinar el gusto, superar las dificultades de la lectura y enfrentarse con textos que no abren fácilmente sus secretos.

Cuando degustamos un plato que nos emociona en compañía de un vino que lo eleva por las nubes, disfrutamos el momento y deseamos repetir esa experiencia para prolongar indefinidamente el placer. Algunos libros, cuando terminamos de leerlos, sabemos que los volveremos a releer. La relectura multiplica, elevando a la enésima potencia, el gusto de la lectura. La relectura, además, permite actualizar los textos. Podemos encontrar y traer, así, al presente los contenidos y poner de relieve los cambios, que con el paso de los años, se han operado en nuestra manera de entender e interpretar la realidad. Podemos reparar los daños causados por el olvido. Y podemos recuperar las sensaciones del momento en que vimos por primera vez esas páginas. Dice Fernando Aramburu que sin que nos demos cuenta, los libros nos leen mientras nosotros los leemos. Y nos leen mejor cuando nos reencuentran, entonces pueden descubrir partes olvidadas de nuestra personalidad.

Quedan muchas cosas de las que hablar, tenemos conversación para rato. ¿Qué tiene la poesía para cautivarnos? Su magia radica en que el poeta expresa la intimidad de la especie y esto sin que los elementos constitutivos del poema dejen de ser una representación simbólica de lo que él piensa, siente, etc. El poeta es el ser humano general. El cuento está en el origen de la literatura y en ADN de la especie. Las letras entornadas plantean cuestiones, como estas, importantes para los lectores, y seguramente también para los autores, pero yo leo desde la orilla de los lectores y me fijo y quedo con lo que me toca como tal. Te invito a leer esta obra y saboreando las letras y los vinos. No lo he dicho antes, pero todas estas reflexiones surgen entre  Fernando y un viejo que lo invita los jueves a saborear los vinos de su bodega y charlar. Es que la comunicación entre autor y lector es necesaria, pero la comunicación entre lectores, la conversación en torno a los libros, convierte en sublime el placer. Los placeres compartidos son más sabrosos que los solitarios.

La ola de Debussy

La pasión por el arte japonés se desató a finales del siglo XIX en Europa y especialmente en París. Inspira a pintores, escritores y al mundo artístico en general. Claude Debussy también se dejó arrastrar por esta pasión y quiso que se ilustrara la cubierta de su sinfonía La Mer (1905) con La gran ola de Hokusai. En este grabado no solo encontró una imagen hermosa para el tema de su sinfonía, en realidad, era toda una explicación filosófica y estética de la concepción de su música.

Desde el planteamiento del músico, el mar es una parte de la naturaleza. Los fenómenos naturales se producen por entrelazamiento sutil o encadenamientos que pueden ser azarosos a los que damos nombres: rosa. lirio, azucena. Estos encadenamientos se pueden representar en el arte a través de movimientos circulares que se unen formando arabescos.

Los arabescos se utilizan con una finalidad ornamental que tiene por objeto representar la esencia de naturaleza, sus formas originarias. Es una forma intelectualizada de representar la realidad buscando su fundamento, dando primacía a lo ornamental sobre la representación naturalista de lo que el ojo ve y el oído oye. La esencia está en el arabesco, no está en la rosa, en el lirio o en la azucena. Encuentra, aquí, un punto de encuentro  con el arte islámico y de desencuentro con Adolf Loos que por aquellos años equiparaba, en un ensayo, ornamento y delito. Los arabescos están dentro del repertorio de motivos ornamentales que muestra el arte japonés.

En la pintura japonesa los paisajes eran temas secundarios en la composición, hasta que Hokusai los trata por sí mismos y consigue convertir la estampa de paisaje en un género que contribuye a alimentar la pasión de los japoneses por la naturaleza y a otros artistas, como Hiroshige, a cultivar el paisaje. La gran ola forma parte de la serie Treinta y seis vistas del monte Fuji, terminada por Hokusai en 1834. Representa el volcán desde distintos puntos de vista, encuadres y condiciones meteorológicas. La tempestad en el mar es el mejor símbolo para presentar la grandeza de la naturaleza. Una poderosa y destructora ola, dibujada con líneas curvas, con arabescos. No es de extrañar que fascinara a Debussy y a los pintores franceses. Estos últimos, vieron que era posible pintar el instante. El músico vio como simbolizar su idea de la música y de la naturaleza en la cresta de la ola embravecida y en la insignificancia de los pescadores luchando con la tempestad.

La pintura y la música están más cerca de la naturaleza que otras formas artísticas. Debussy llego a decir que la música consiste en colores y tiempo ritmado. Los impresionistas pintan a plein aire,  inmersos en la atmósfera; los puntillistas, caminan hacia el hallazgo de átomos materializados en la descomposición de los objetos y el cielo  en puntos de color. El tiempo ritmado no se refiere al tiempo de reloj, sino al tiempo meteorológico vivido con los ojos de la poesía. El ritmo es la lluvia,  el viento, las nubes, las borrascas, el cielo despejado,…De ahí su interés por expresar la música de las nubes y de los nocturnos. Aunque será  en el mar donde encuentra la metáfora más pura de la naturaleza. Ese mar que se dibuja con arabescos que fluyen hasta el infinito en busca de un orden armónico. Arabescos que se pueden reducir a partículas elementales cada vez más pequeñas. Arabescos que se mecen con sensualidad. Con estas ideas crea, en palabras de Eugenio Trías, esa música tan gradual, tan sensual que nos balancea en un arco iris que se traza entre lo bello y lo siniestro.

La música puede llegar a lomos de arabescos a la esencia de la naturaleza. La pintura puede acercarse plasmando el cielo y el mar. Debussy vio que La gran ola de Hokusai está hecha de arabescos que dibujan la música de la naturaleza.

La Mer, Debussy

Testamentos de humor y felicidad

La alegría de vivir, Matisse

En los Testamentos traicionados Kundera reflexiona sobre la novela dentro del contexto de la historia en general y de la historia del arte en particular. Esta obra, por su carácter de ensayo, estaba relegada en mi biblioteca, puede decirse que traicionada, ante el supuesto de su seriedad, a la espera de un momento en el que estuviera dispuesta a leerla de forma concienzuda. La espera se convirtió en olvido hasta la publicación de La fiesta de la insignificancia. Tuvo que ser la actualidad la que me hizo volver al estante dedicado a Kundera para ver que allí estaba esperándome esa obra que me sorprendió, al comenzar a leerla, con su gracia e ironía.

Entre las páginas de los testamentos encontré verdaderas joyas, interesantes perspectivas sobre el papel del arte, especialmente sobre la música y la literatura contadas con ligereza y frescura, cualidades sorprendentes en una obra que parece un sesudo libro teórico. Está escrito como una novela, dividido en capítulos que forman una trama organizada como una composición musical, con un conjunto de personajes que sirven para explicar el hilo argumental y presentar su tesis sobre la naturaleza de la novela.

La esencia de la novela y del arte en general está en el humor, en la ironía, en la libertad compositiva, en la proximidad de los elementos intrascendentes con la reflexión filosófica. Cervantes con El Quijote y Rebalais con Gargantua y Pantagruel son los padres de la novela europea y marcan el rumbo de una forma no seria de entender la literatura. Durante el s. XIX se abre otro camino en el que se identifica la novela con la verosimilitud y se convierte en testimonio de un momento y una situación determinada. La novela con Balzac y Zola crea servidumbres sociológicas, tiene que ser el reflejo fiel que complete los datos históricos de un momento. Esta obligación establece una serie de normas compositivas para mostrar, además de la trama, el contexto histórico.

La novela del siglo XX se puede entender como una continuación de la del siglo XIX, pero también se puede encontrar la trayectoria de Cervantes y Rebalais. Kundera habla de dos medios tiempos para explicar esta cuestión, yo simplifico el asunto entendiendo que hay dos tradiciones en la novela europea: la realista heredada de los grandes novelistas del siglo XIX y la no realista inspirada en las novelas de los siglos XVI, XVII y XVIII. Estos últimos apuestan por divertir, por pensar a partir de la ironía y el sentido de humor, pueden ser exagerados, distorsionar las coordenadas espacio-temporales de la realidad, pero también crear verdaderas obras de arte. Tenemos que pensar en las novelas de Kafka, Musil, Kundera, Kadarê, Rushdie, Fuentes, Millás, Mendoza, Saramago,…Mi intuición me haría situar dentro de este grupo a Nobokov, a su Lolita y también a Pnin, me resulta difícil entender estas obras como reflejos fieles de la realidad y prescindiendo de la ironía y el humor. Pero Kundera afirma que Nobokov considera El Quijote un libro sobrevalorado, ingenuo, repetitivo y cruel, Sancho pierde demasiados dientes. Parece que no entiende que estamos ante un mundo creado por sortilegios del narrador que inventa, que exagera, que se deja llevar por sus fantasmas, por sus excesos, que no se puede tomar al pie de la letra. Creo que a Nobokov, aunque le pese, tampoco se le puede tomar al pie de la letra.

Las obras de arte hechas con humor pueden acercarnos a la felicidad: “se podría hacer toda una lista de obras de arte que están impregnadas de esa felicidad: junto a Stravinski, toda la obra de Miró, los cuadros de Klee, de Dufy, de Dubuffet, algunas prosas de Apollinaire, Janácet en su vejez, algunas composiciones de Poulanc (…) Matisse y Picasso supieron, en contra del espíritu de los tiempos conservarla todavía en su arte”. Los testamentos traicionados son una lectura imprescindible para disfrutar de la novela, y del arte en general, con calma, saboreando lo que está detrás de las palabras, las notas y los colores. Kundera nos pone en las manos la cuchara y el tenedor, transformadas en la ironía y el humor, para buscar el placer y la felicidad en el festín del arte.

La pintura y el poder de la palabra

Gustave Moreau, Salomé

Cuando Huysmans, en las postrimerías del siglo XIX, describe la Salomé de Moreau,  enumera cada detalle del escenario arquitectónico, la situación del mobiliario, el ambiente lleno de olores y perfumes embriagadores, el sonido de la guitarra, la postura hierática y la mirada lasciva de Herodes, para pasar a mostrar los pasos del baile de Salomé: “los senos le ondean y, al contacto con los collares agitados, sus puntas se yerguen; en la piel húmeda de sudor  los diamantes se pegan con todo su brillo; los brazaletes, cintos y anillos escupen centellas…”. Va más allá del cuadro presentando a una diosa de la belleza,  la lujuria y de la perdición. Da un salto, desde la joven bailarina que llena de deseo y gozo a un rey con la torsión de sus caderas,  a la divinidad simbólica que maneja perversamente los actos de los hombres. Construye,  de este modo la biblia del decadentismo e inspira a otros artistas que ven la materialización de su relato en la pintura de Moreau. Este amante del arte completa la obra del pintor e influye en la visión del observador que sigue reconstruyendo en su mente la escena sugerida.

La Salomé pintada por Moreau en distintas  versiones, en distintos decorados y épocas multiplica su poder de seducción a través de la palabra escrita: armada con la coraza de belleza y libidinosidad de las palabras se convierte en un ser satánico. El espejo de Huysmans es más sugerente que la pintura de Moreau. El poder de la palabra se reafirma si tenemos en cuenta que una de las lecturas favoritas del pintor es  Salambó de Flaubert.

Oscar Wilde escribió un relato sobre la Salomé bíblica inspirado por los distintos cuadros de Moreau. El también la imagina con el cuerpo desnudo y sudoroso,  cubierto de joyas bailando ante el monarca.  La concibe, más como una fuerza divina de la perversidad, que como una mujer caprichosa, lujuriosa y cruel.   Cuando escribe, no mira el cuadro, se fija en el espejo y en sus oídos están los ecos del relato de Huysmans. La Salomé de Wilde se publica con ilustraciones de Beardsley que opone el poder de la línea  a los excesos decorativos de Moreau.

Con esta sinfonía de sonidos y ecos, de realizaciones y espejos, se  consigue añadir al sentido moral del episodio bíblico, una actitud misógina que condena y teme la sexualidad de las mujeres. Por eso identifican la seducción femenina, de esa fuerza de la naturaleza engrandecida por la cultura, con la  perversidad de Salomé.

Las palabras de Huysmans y la pintura  tuvieron en mi juventud, cuando estudiaba las vanguardias artísticas, poder de seducción, pero su efecto fue el contrario: el sexo es una fuente de placer para mujeres y hombres. En mi caso, y también en el de mis amigos, pasaron a integrarse dentro de una madeja con muchos hilos de colores y materiales diversos que permitía  tejer, con las agujas de la naturaleza y la imaginación, una prenda de placer y dicha. Esa prenda, y no las joyas sobre la piel sudorosa, es la que me gustaría vestir, muchos días, en el jardín.

 

El milagro de las semillas de violeta

“El mejor lugar para buscar a Dios es el jardín,  puedes cavar hasta encontrarlo”

George Bernard Shaw

A veces se necesita muy poco para hacer las cosas bien.  Basta con crear un jardín aliándose, si es necesario, con la adversidad. En el suelo más pobre, con frío y poca agua pueden florecer las violetas…y cuando las contemples querrás crear un jardín en el patio de una prisión o en la pantalla de tu ordenador. Te sentirás lleno de orgullo porque eres capaz de crear algo hermoso que has hecho colaborando con otros y que puedes compartir con muchos más.

Cuando vi esa película, inspirándose en una historia real,  en la que un grupo de presos de una prisión inglesa logra crear un jardín y presentarse a un concurso en el que compite la élite de los jardineros ingleses, me sentí bien, una sonrisa se dibujó en mi rostro. Me vi reflejada, yo también había querido crear un jardín y quería darlo a conocer para compartir la alegría de las flores que iba cultivando. Y también estaba consiguiendo satisfacciones con esa nueva actividad que llena de belleza y satisfacción mi vida y pretende alegrar la de los que, simplemente, se asomen un momento a mirar, o bien, se decidan a pasar para disfrutar el tiempo que quieran.

Es una pena que se presente de una manera tan inadecuada esta película. Su título original es Greenfingers, en la versión española se cambió por Flower Power y se colocó el subtitulo: como una regadera, añadiendo el comentario: tenían un plan de fuga que les llevó al huerto. Se trata de una comedia, pero su ingrediente principal es el buen humor, no el humor de los lugares comunes,  las frases hechas y los chascarrillos fáciles. Sin embargo, la portada del DVD te pone ante un película de risa, banal y que, en el mejor de los casos, te hará pasar un buen rato. Asombra que se promocionen tan mal algunos productos cinematográficos. Es poco probable elegirla en un videoclub o en los estantes de una biblioteca con esa carta de presentación. Yo la encontré por casualidad en La Sexta 3, empezada y quedé engancha, vi lo que quedaba hasta el final. Después la busqué en DVD y la vi completa, ya sabía que era una película de las que me gustan. Los actores, entre los que se encuentran Helen Mirren y Clive Owen, dan verosimilitud al relato y su director, Joe Hershman, realiza un trabajo muy digno. Está llena de buen gusto inglés, su director es estadounidense, pero ha sabido recrear, aprovechando los actores y el encanto de los lugares de rodaje, esa atmosfera británica que suele quedar tan favorecida en la gran pantalla.

A veces unas humildes semillas de violeta pueden dar origen a un jardín lleno de flores. Esta película, que parece tan poca cosa, puede ser una de las flores más hermosas de mi jardín.

La filosofía del jardín

En mi jardín no puede faltar la filosofía, entendiendo esta materia como una guía para la felicidad. El primer filósofo de mi jardín es Epicuro. El merece este honor más que ningún otro ya que a su doctrina se la llamó la filosofía del jardín. Para poder llevar a cabo su proyecto personal e intelectual abrió un centro en Atenas que se conoció como el Jardín. Era un lugar para convivir, reflexionar, estudiar, trabajar y ser felices. Epicuro busca en el aislamiento mundano y la vida sencilla del jardín refugio contra un mundo hostil que le sobrecoge. En el jardín acogió a mujeres (gran novedad en las escuelas filosóficas griegas) y hombres, sin distinción de clases sociales para vivir ocupados en el estudio y el conocimiento, disfrutando de la amistad y el sentido estético, así como de los placeres sencillos.

El objetivo de la filosofía de Epicuro es (como el del resto de escuelas morales helenísticas) el arte de la vida, la realización de una vida buena y feliz. La filosofía tiene una doble tarea: combatir las ideas falsas que fomentan el miedo y el sufrimiento y crear un estado de ánimo favorable en  toda circunstancia y lugar. De esta forma las personas pueden ser soberanas de sí mismas.

En la antigüedad un filósofo no era alguien que domina el lenguaje y hace con él malabarismos en sus discursos y escritos para demostrar la elevación de sus pensamientos, era una persona que buscaba la vida feliz en la sobriedad. La filosofía tenía una vocación práctica orientada a la vida cotidiana.

La Casa del Lector ha mostrado en una exposición que ha cerrado sus puertas el 23 de abril, algunos de los documentos que se conservaron en la conocida como Villa de los Papiros como consecuencia de la erupción del Vesuvio (año 79 d.C.) Entre ellos se encuentran textos que nos explican cómo era un jardín epicúreo. Podríamos resumir filosofía del jardín en cuatro pontos:

-       La felicidad es alcanzable, consiste en la satisfacción de los placeres naturales y necesarios, tanto los del cuerpo como los del alma. Y en negarse a satisfacer deseos como  poder, dinero, riquezas, honores...

-       Los dioses no son entes a los que temer, deben servirnos de modelo porque saben lo que es la felicidad y el placer de existir.

-       El sufrimiento es soportable. Si es terrible acaba por derrotarnos, y si no nos derrota es que no era tan terrible.

-       No debemos tener miedo a la muerte. Si estoy aquí, quiere decir que ella no está, y, si aparece la muerte, yo ya habré dejado de estar.

La razón juega un papel decisivo en lo que respecta a nuestra felicidad: nos permite alcanzar el estado de total sosiego (ataraxia), de absoluta imperturbabilidad ante todo (Epicuro lo compara con el total reposo del mar cuando ningún viento mueve su superficie) y nos da libertad ante las pasiones, los afectos y los apetitos. El sabio alcanza la vida buena y feliz gracias a esta autonomía frente al dolor y los bienes exteriores, y sobre todo, esto es fundamental, a los amigos con los que compartir los placeres en el jardín.

Epicuro y el consumo
El escritor Alain de Botton ha creado estos documentales como una guía para la felicidad repasando las teorias de algunos filósofos
Frank Lloyd Wright, el arte de construir (I)
Esta es la primera entrega, pero solo una fracción de la primera parte del documental. Recuerda que si lo quieres ver todo tienes completarlo con las entregas 2, 3, 4 y 5: https://www.youtube.com/watch?v=5XOnpWAvWrg ----------------- https://www.youtube.com/watch?v=6fi4W_EXLrI ---------------- https://www.youtube.com/watch?v=TzDk6-FfX1Q ------------------- https://www.youtube.com/watch?v=tnYTFQVanRY --------------------

Casas con alma

 

Al igual que la luz del sol envuelve a los objetos indefensos, revelando su  forma y su expresión, del mismo modo una luz correspondiente, cuyo símbolo es el sol, emana de la obra inspirada de la humanidad. Esta luz interior es la garantía de que la arquitectura, el arte y la religión del hombre son todo uno:  sus emblemas simbólicos.

F. Ll. Wright

Cada espíritu construye su propia casa y en su casa está su mundo y en su mundo su cielo.

Emerson

Si vives en una casa concebida en comunión con la naturaleza que la rodea como una planta que surge y florece en un jardín, en una casa entendida como un todo y no como la adición de distintas piezas y donde el interior y el entorno se perciben como una unidad, entonces tienes la enorme suerte de habitar un espacio con alma, un ámbito que sentirás como una prolongación de ti, de tu mundo íntimo proyectado hacia el exterior y hacia la comunicación. No es fácil encontrar hogar de estas características, pero si lo consigues no puedes relajarte y disfrutar esa bendición en silencio, estas deseando que tus amigos la disfruten y querrías proclamarlo a los cuatro vientos para que el mundo entero lo sepa.

Supongo, que esto es lo que le sucedió a T. C. Boyle cuando decidió escribir una narración sobre la vida de Frank Lloyd Wright, del arquitecto de la casa en la que reside actualmente en California, del espacio que habita asentado en la tierra como un árbol gracias a la imaginación y el genio de Frank. Retrató al hombre que está detrás del gran arquitecto a través de la mirada de las mujeres que estuvieron a su lado. Estamos hablando de Las Mujeres, la novela que se publicó en 2009, en España por Impediemnta en 2013.

Boyle ofrece esa perspectiva, creando una ficción en la que  uno de los jóvenes, que decidieron ampliar su formación como aprendices en Taliesin (la hermandad que Wright creo en Wisconsin), cuenta a su yerno sus experiencias para que las pase al papel. El resultado es magnífico y delicioso.

Conocemos así a un hombre con una fuerte personalidad y convicción de su propia genialidad, con una gran sensibilidad hacia la belleza, la naturaleza y el arte que intenta integrar en sus obras creando construcciones que califica de orgánicas. Al admirador y coleccionista de grabados japoneses, al joven que leía a Blake, Whitman, Emerson y Thoreau, al entusiasta de la música y de la poesía, al amante, al marido y al padre, al ser abrumado por las desgracias que se  sobrepone, al artista que ama los materiales naturales (la piedra y la madera) y el trabajo humano y, sin embargo, alcanza grandes logros con los materiales industriales y las máquinas, situándose en primera línea y estando más allá de las modas, al diseñador de muebles, objetos domésticos  y ropa, al escritor de su propia biografia, al urbanista del proyecto utópico de Broadacre City. En suma, estamos ente el constructor de su vida y su mundo, contra viento y marea.

Hace algún tiempo, en TVE se programó un documental, Frank Lloyd Wright, el arte de construir, que quiere ofrecer una visión integral del artista, la recomiendo para ver sus creaciones y conocer la parte de verdad que existe en la novela. Disponemos de él en Youtube, está dividida en varias entregas, en las 5 primeras (cortas) se ofrece la primera parte, en la 6, la segunda parte del documental. ¡No os lo perdáis!

El día 9 de abril hace 55 años que murió el arquitecto del s. XX que se consideró a si mismo el mejor de la historia. No tenemos la suerte que tiene  T. C. Boyle, de vivir  en una casa hecha por Wright, pero podemos convertir la nuestra en un jardín lleno de las flores del alma y dedicársela al arquitecto que nos inspira.

Frank Lloyd Wright, el arte de construir (II)
Descripción

Las estaciones de la vida

Roma Termini

El cine es  movimiento. Es como un tren que se traslada de un punto a otro y va mostrando, en las pantallas de sus ventanillas, paisajes y escenas. El cine y el tren son como la vida, están en movimiento, discurren,  fluyen y, algunas veces, se paran en una estación en la que es preciso tomar una decisión, elegir una dirección, cambiar de rumbo.

Las estaciones son esos lugares en los que se puede elegir un destino distinto al previsto, cambiando el billete, o seguir el camino seguro de lo ya establecido. Son como esos momentos de la vida en los que vuelve a brillar el sol, nos sentimos más vivos, entrevemos la felicidad, la tocamos con la punta de los dedos, solo tenemos que tomar una determinación y puede ser nuestra. Pero la  elección, a pesar de esa evidencia, es tan difícil…, allí donde las nuevas ilusiones brillan y prometen la felicidad, la seguridad de la vida cotidiana nos asienta en un presente que no está tan mal, que conocemos, que es como una barca, en un mar que imaginamos siempre en calma, que creemos saber tripular. Por otra parte están las personas que nos esperan en el lugar de destino, esas personas a las que no tenemos fuerza para defraudar, para decirles que hemos decidido viajar a otra ciudad, que necesitamos cambiar de aires y provocar la sonrisa en otros labios. Dos películas muy hermosas, con imágenes en blanco y negro,  plantean esta cuestión en dos lugares y momentos distintos.

En Breve encuentro de David Lean (1945) un hombre y una mujer se encuentran por casualidad en una estación y viven una apasionada historia de amor, pero no son capaces de cambiar el rumbo de sus vidas y hacer un trasbordo, aunque sienten como se enciende la pasión, se despiertan los sentidos y descubren la belleza de la vida. No tienen fuerza para dejar a sus parejas y plantear las mudanzas a sus hijos. La guerra acaba de terminar, estos amores no garantizan la calma y la estabilidad que se espera después de una contienda  que ha sacudido los cimientos de la cotidianidad. El escenario es una estación inglesa de finales del s. XIX, símbolo de una sociedad que fue moderna pero que ahora teme plantearse grandes retos.  

Stazione termini de Vittorio De Sica (1953) discurre en Roma ya en los años cincuenta, en una estación moderna que muestra las nuevas técnicas de la arquitectura civil. Es también una historia de amor entre dos personas que se conocen por casualidad y se enamoran. Ella es americana,  también es una ama de casa que debe tomar una gran decisión, volver al lado de su marido y su hija en America, a una sociedad más amable para las mujeres, o quedarse en Italia, un país que encuentra atrasado, al lado de ese hombre que ha la hecho feliz por un instante.

Las estaciones son en ambas películas, más, mucho más, que el escenario de la acción, son símbolos cargados de contenido, son la metáfora de los tiempos, de las ilusiones, las rutinas y los miedos de unas gentes que viven su vida en espacios compartidos con los demás, con los que están cerca, y son los lastres de la seguridad y la chispa de la felicidad, y esos otros que nos rodean, pasan, miran, juzgan y atan a la conformidad. Son el cosmos que rodea a los protagonistas. Conozco un libro: La obra civil en el cine que reflexiona sobre el papel de las ciudades, las estaciones y los puentes en el cine, sus autores son  Valentín J. Alejándrez, Gorka Magallón, Ignacio Bisbal Grandal y Rubén Miguel Pereña. La recomiendo, es un buen complemento para convertir en personajes los soportes de las escenas, para saber escuchar lo que nos dicen los espacios que rodean a los actores.

Son estaciones, también, las salas de cine, con grandes pantallas, desde las que contemplamos la ficción y la realidad de la vida. ¿Tienes que elegir tren o llegaste a la estación termini?

Mi jardín

Cuando abrí la puerta de mi jardín dejé aplazada la tarea de explicar el porqué, el sentido, la intención y la vocación de este lugar. La idea estaba clara, pero me resultaba difícil expresar, de una forma sencilla, lo que quería.

Quería que el jardín fuera una prolongación de mi misma, y a la vez,  la materialización de mi visión de la naturaleza y de la cultura como entes indisolublemente unidos. Y que, las ramas, las hojas las flores, las silabas de las palabras y las notas musicales expresasen esa sensación de plenitud y comunión.

Ahora, con un libro de poesía de José Corredor Matheos encuentro las palabras justas para expresar esa intención:

Yo soy un pez, un pez

que va por el jardín,

tan libre como un árbol.

yo soy también un árbol,

que tiene sus raíces

en el cielo,

como un pájaro.

Soy un pájaro, un pájaro,

y son míos los cielos

las aguas y la tierra.

¿Por qué, si soy un pez,

un pájaro y un árbol,

la angustia de ser hombre 

hace que todo

me resulte, de pronto,

tan extraño?

Buscaba un espacio de ilusión, un espacio para compartir, lanzar ideas, disfrutar convencida de que:

Lo mejor está siempre

por venir,

pero yo no lo espero.

Qué claro se me hizo

esta mañana,

al sorprender las gotas

de rocío

en unas hojas verdes

que estaban esperándome.

cuando esté ya muy lejos

del jardín               

sabré lo que he sentido

en medio de la niebla                        

que se ha levantado

y que lo cubre todo

y todo lo revela.

Mi intención era, y es, ir construyendo a solas este jardín, para que se eleve y viaje en el ciberespacio encontrando lo que busco  y hallando amigos para vivir juntos los placeres y las alegrías del jardín.

Vas recorriendo a solas

el jardín,

despacio y sin cuidados,

mientras el verso fluye

entre la niebla

y el asomo lejano

de la luz.

Todo lo que vas viendo

te sorprende.

¿Qué puedes esperar,

más que lo inesperado?

Qué las hierbas que pisas

son carne de tu carne.

Que la luna saldrá

cuando tu se lo digas.

qué no hay diferencias

entre el jardín y tú.

Caminas muy despacio,

para que todo pueda

sorprenderte.

Y te vas alejando,

tanto que, ya incapaz

el verso de seguirte

se detiene.

José Corredor Matheos (1929), poeta y escritor de tratados de arte moderno, diseño y arquitectura, ha descrito y explicado su jardín dejando volar versos que dan sentido al mío. Gracias José Corredor Matheos por lanzar los versos que yo recojo.

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Esperanza Morales Bernal | Respuesta 31.05.2013 21.37

Te acuerdas de las latas de Cola Cao, donde todas las familias guardaban algo entonces (hilos, botones, fotos...) Ese era un mundo mágico también para mí.

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Comentarios

18.10 | 20:12

Interesante=todo.Te conocí 1 tardenoche en Zamora, con MªAngeles (Noreña),fue la que me indicó tu web.Gracias!Aprendo sobre árboles,naturaleza,lecturas contigo

...
21.07 | 00:08

Fascinante

...
28.02 | 17:35

Brillante!!!!

...
29.04 | 03:55

Me recuerda los tarays que hay en la zona del río de La Parroquia. Siempre me gustaron estos arbustos.

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